la tribuna

Abel Veiga

Bildu, los gestos inequívocos

HAN conquistado en las urnas la Alcaldía de San Sebastián, también la Diputación en un hecho histórico e insólito a la vez. A la velocidad que llevan veremos su verdadera fuerza y resistencia dentro del nacionalismo vasco capaz de amargar el camino al mismísimo PNV, salvo que éste vuelva al error de las udalbiltzas y sus pactos de Lizarra o Estella en un intento de no ser rebasado en la ideología nacionalista. Aunque no todo vale, o debería valer.

No apagadas las sospechas de que detrás de Bildu esté la sombra y la tutela de ETA, éstos han comenzado su política de gestos, claros, contundentes, provocativos e inequívocos. Es su manera de actuar. Siempre lo han hecho, aunque antes se llamaran Batasuna, Herri Batasuna o ANV. Las marcas son sólo eso, meros signos distintivos, pero el producto sigue siendo el mismo. Que si retiramos el cuadro del jefe del Estado del hermoso ayuntamiento donostiarra, que si la bandera, que si los símbolos, que ahora si la Policía y Guardia Civil. Todo responde a ese guión trazado por el abertzalismo radical y por la banda terrorista. El cordón umbilical no se ha roto ni desprendido. No hay más ciego que el que ve y se empeña en no querer ver. Miopía y cinismo voluntario. Manejan los gestos y los debates con soltura y arrojo, siempre lo han hecho, no sin descaro y falta de sonrojo.

Ante un PNV herido y sangrando por sus heridas de vanidad y espacio perdido, Bildu se permite desideologizarse a sí mismo y decir que ETA o todo lo relacionado con ETA sólo compete a la banda y al Gobierno español y a nadie más. Como si todos fuésemos ingenuos o quizás tontos. Un conflicto donde las partes son iguales, si bien una asesina a inocentes, secuestra, extorsiona y sume en la amnesia voluntaria y el cobarde miedo a una parte de la sociedad, y en el que sólo ellas han de resolver y buscar una solución, la de la victoria de los verdugos y el perdón a los mismos sin que ellos nunca se hallan retractado y arrepentido siquiera un ápice.

Han aprendido la respuesta fácil y provocativa, "no soy ETA", pero no creemos muchos que verdaderamente no dependan ni sigan las instrucciones de ETA. Ojalá nos equivoquemos y esta vez sí el tiempo nos quite la razón y Bildu, Sortu, o como se les antoje autodenominarse sean capaces de romper lazos y ataduras del mundo radical violento y la banda asesina. Pero por el momento no lo han demostrado. Veremos si lo hacen, si ETA se lo permite y cuál es la reacción de la banda ante este escenario político que algunos quieren ver con anteojeras y otros bendicen desde la atalaya hipócrita del borrón y cuenta nueva. No es ni puede ser ni debería ser así de simple. Demasiado dolor, demasiada sangre, demasiadas lágrimas derramadas durante décadas no se borran ni se mitigan de golpe con una respuesta de "yo no soy ETA" porque ETA y la sombra de ETA y algunos de quienes conforman Bildu sí son o han sido o estado demasiado próximos a la banda.

La iconoclastia abertzale se abre camino. Sus gestos son inequívocos, su intención de buscar cierta confrontación política también. Su irredentismo, su victimismo y su discurso soberanista irá incrementándose en las próximas semanas. Veremos cómo actúan, cómo condenan llegado el caso, cómo gestionarán la realidad y la verdad. Y el Gobierno prefiere mirar hacia otro lado, el menos amargo, amagar incluso con que se cumpla la legalidad y se respeten los símbolos. Pero los gestos evidencian y significan para quienes los realizan lo que verdaderamente quieren y pretenden significar. El laboratorio de ideas, de políticas, de gestos de Bildu y quizás de ETA están ensayándose en San Sebastián y en Guipúzcoa.

Haríamos mal en empeñarnos en no querer verlo. Andoain, Hernani, Rentería, Azkoitia, Azpeitia, Lizarza, Pasajes, Mondragón y tantos y tantos otros pueblos y villas del País Vasco y sobre todo de Guipúzcoa representan como nadie la anormalidad del terror, de la violencia, de la dictadura del horror, la muerte al que piensa diferente, al que vestía un uniforme, al político, al periodista, etcétera. Y Bildu ha ganado envuelta en su falso victimismo e irredentismo, denunciando lo que ha denunciado, apóstoles de una estrategia de violencia y banalidad. Son los únicos triunfadores de un triunfo que nos envuelve en una nebulosa, en una espiral de amnesias voluntarias, de decepciones, de miedos y de vuelta atrás. Dejemos ahora al margen la actuación lamentable del Tribunal Constitucional. La memoria es frágil, huidiza, traicionera.

Bildu no cabe en su gozo, no disimulan su sonrisa y su sarcasmo. Han ganado y lo han hecho en las urnas. Y seguirán haciéndolo. Ah, y que nadie piense en condenar el terrorismo, no lo harán, si lo hicieran no sería creíble. Siguen el guión, la partitura trazada por ETA.

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