La ciudad y los días

Carlos Colón

Bordada con la luz de marzo

CON los hilos del oro de la luz de las tardes de marzo bordó Juan Manuel la túnica del poder y el imperio que el Señor luce desde la Nochebuena hasta que, cuando llegue la Cuaresma, el templo de su cuerpo sea revestido de morado como de antiguo se velaban los altares. La túnica persa es la única de gloria que tiene este varón traspasado de compasión y de dolores, siempre revestido de morado penitencial, siempre ceñido por cardos y penas, siempre herido por coronas de espinas. Por eso es la que viste en estos días grandes de quinario y Epifanía. Y la que vestirá hasta el Miércoles de Ceniza mientras el sol le vaya buscando, tarde tras tarde, por la fachada de San Lorenzo. Primero apenas rebasará el cruce de Eslava. Después besará su azulejo. Más tarde alcanzará el relieve del beato Spínola y, tras rozar la puerta por la que se nos va la Semana Santa -porque todo empieza y todo acaba en San Lorenzo-, se fundirá con las llamas del retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio. Por fin alumbrará las superpuestas convocatorias cuaresmales de triduos, quinarios, septenarios, novenas y besamanos; y entrará tímidamente en la Basílica, como una intermitente y fina línea dorada, cada vez que se entreabran los esterones; o irrumpirá triunfalmente en ella cuando los viernes de cuaresma se abran de par en par las puertas.

Éste es el peregrinaje que cada enero emprende la luz creciente para arrodillarse ante el Señor. Ahora, como una promesa, como una llamada, como una semilla enterrada que apenas haya empezado a brotar, todo el oro de la luz de las tardes de marzo está en los bordados de su túnica y en el fuego de su altar de cultos solemnes. Todo se concentra allí, todo converge allí, todo lleva hacia allí por esas calles cuyos nombres suenan a letanía sevillana, que estas noches frías recorren los hermanos y los devotos camino del quinario.

Le hace su hermandad solemnes cultos y le hará, en la festividad de la Epifanía, Función Principal de Instituto con Protestación de Fe. Sevilla y sus devotos le harán al Señor su quinario popular entre el 28 y el 30 de marzo, protestarán públicamente su fe besando las manos de este Evangelio esculpido y celebrarán la manifestación del gran poder de Dios cuando a la una de la madrugada del 2 de abril el Señor, navegando sobre el río de fuego de su cofradía, salga a unas calles bendecidas por su presencia para darse del todo a todos desde el altar de su paso. Entonces culminará lo que empezó cuando sus priostes, convocando primaveras, le pusieron esta túnica bordada con los hilos de oro de la luz de las tardes de marzo.

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