En tránsito

eduardo / jordá

Broma de mal gusto

EN el prólogo a El informe de Brodie, un día de abril de 1970, Borges escribió una frase famosa que yo subrayé en su día con bolígrafo azul: "Creo que con el tiempo mereceremos que no haya gobiernos". No es probable que Mariano Rajoy conozca esta frase -Rajoy no es muy partidario de la literatura de creación, que a él debe de parecerle confusa y aburrida en comparación con la límpida prosa de la Ley Hipotecaria-, pero la frase de Borges está cobrando un nuevo sentido en estos largos días de interregno y de vacío político y de Gobierno en funciones. De hecho, la frase ya ha empezado a circular por las redes sociales, porque ese deseo que Borges formuló como una mera hipótesis desiderativa hace muchos años, ahora está cobrando plena realidad. Y muchos de nosotros vamos descubriendo que el hecho de carecer de gobierno no supone una catástrofe irremediable -como se nos había intentado demostrar-, sino más bien una situación agradable que se parece mucho a un baño en agua tibia: el poder, de repente, parece haberse vuelto liviano como una nube y nos permite flotar en una especie de duermevela placentero.

Así que muchos empezamos a acariciar la idea de Borges como algo no sólo deseable en un futuro remoto sino por completo factible. Y por eso nos planteamos que seguir y seguir con un gobierno en funciones no estaría nada mal. El ideal sería ir convocando elecciones que siempre dieran el mismo resultado -el mismo empate técnico-, de modo que tuviéramos que seguir manteniendo la misma fórmula de interinidad continuada por tiempo indefinido. Eso sería lo más parecido posible a la admirable idea borgiana de vivir sin Gobierno: el Gobierno no gobernaría, la oposición no se tendría que oponer a nada (si no hay Gobierno, ¿a qué podría oponerse?), y el Estado seguiría funcionando con una especie de piloto automático. Quizá no fuese un mal negocio.

Rajoy ha dicho que convocar unas nuevas elecciones sería "una broma de mal gusto", pero no sé si ha caído en la cuenta de que le estamos cogiendo el gustirrinín a este vacío de poder que ya lleva seis largos meses. Se nos intenta convencer de que la vida sin políticos y sin Gobierno sería una pesadilla, pero más bien estamos comprobando lo contrario. Y ha llegado el momento de constatar que los españoles, tras largos y continuados esfuerzos, nos hemos merecido no tener gobiernos.

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