Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Cadáveres

HABRÁ que ir pidiendo otro certificado de defunción, el de Felipe de Anjou, Felipe V para la Historia, el Borbón al que ha invocado, en una proclama recurrente, su señoría Tardá. Habría que leer más. El rey que asaltó la capital catalana en la guerra de Sucesión murió hace más de 250 años. Se encuentra plácido en su sarcófago de El Escorial, y desde allí sus huesos han podido sentir cómo el condado de Barcelona fue sempiternamente beneficiado y privilegiado desde que se él apoltronó por estos lares. En este puente de aires constitucionales el diputado republicano se ha postulado para completar el trío de los azores antijuancarlistas junto a Jiménez Losantos y el alcalde de la localidad gaditana de Puerto Surreal. Un trío de pájaros cantores bien alimentados. Menudo favor que les hacen a la causa republicana.

Telecinco, que es más terrenal pero no menos mercantilista, ha invocado a los huesos del primer Travolta, Tony Manero, para amasar un simple Operación Triunfo de la vida con estética algo setentera y que estrenaron con más indiferencia que otra cosa en la sesteante tarde dominical. Estamos ante una picadillo regurgitado: joven cantante que sonríe canturrea a la concurrencia, los asistentes aplauden ya sea brillante o amante de los gallos y Noemí Galera dicta sentencia con pose grave y/o maternal. Lo del febril Tony Manero ha sido un pucherito que ha puesto La Trinca (Gestmusic) en hervor para que los espectadores vayan echando de menos a OT y montar de paso un espectáculo que gire por España con los travoltillas que surjan y el frikie que, a modo de señuelo, han instalado en el programa.

Lo de Tony Manero es más de lo mismo. Prescincible. Predecible. Previsible. Bostezable sin remordimientos.

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