Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

Calarse un panamá

VAYA paradoja que la campaña del impuesto sobre la renta y el descubrimiento de una fabulosa red de ocultación del dinero hayan coincidido en el tiempo, como se alinean dos planetas no muy distantes que orbitaran en un juego de fuerzas complejo pero estable. A partir de hoy, dos tipos de españolitos -los asalariados y los autónomos- comienzan a echar cuentas. La mayoría asalariada y por cuenta ajena espera que en junio Hacienda le devuelva lo que le ha retenido de más, porque -aunque cada día menos- se da la paradoja de que el currito/a con nómina financia al Estado hasta que tal devolución se produce. Allá, en la otra esquina, está el paraíso, que diría el ya octogenario Vargas Llosa: el paraíso fiscal. En ese planeta residen de forma más o menos física otras personas que han metamorfoseado a complejos entramados de personas jurídicas: Messi, Almodóvar, la hermana de Juan Carlos I. Todo ello "presuntamente", faltaría más. Casi dos mil españoles parecen ocultar al fisco sus dineros blancos y/o negros mediante un sastre de Panamá que les hace un traje fiscal que refleja toda mancha tributaria. También los hay extranjeros, algunos poco sorprendentes, como es el caso de los presidentes argentino y ruso, Macri y Putin. Y hay desconcertantes nombres, como el del primer ministro islandés, que va por la vida de gladiador antifraude. Qué disgusto nos estamos llevando quienes hemos añorado para nosotros la forma en que Islandia fulminó a los políticos que llevaron a la ruina a codiciosos inversores británicos y holandeses.

Quienes más dinero obtienen en nuestro territorio no tienen claro que es su obligación revertir parte del mismo en este país. Lo dice la Constitución y lo regula la poliédrica normativa fiscal. Todo esto resulta muy desconcertante. A algunos les parecerá indignante. Otros creemos que, como la jodienda, el fraude fiscal no tiene enmienda, o sólo represión. Y ya vemos qué complicado resulta: no sólo esta fabulosa trama de evasión era desconocida para el gran público, sino que debemos ser escépticos: a esta rata no se la mata fácilmente. Recordemos: cuando la crisis asoló al planeta bipolar -sin duda asoló más a un polo que a otro-, todos hablamos de la refundación del capitalismo, algo que pasaba por controlar los dineros ocultos. Pero poco se ha hecho. Nuestros bancos principales son intermediarios en este trajín global. (Por cierto, Panamá no es un paraíso fiscal unánimemente reconocido como tal; no es un paraíso de pata negra. Sólo de dinero negro. No confundamos, por Dios.)

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