hoja de ruta

Ignacio Martínez

Cambio de planeta

EL localismo goza de muy buena salud en este país. Este verano he acudido a una oficina de turismo de Cantabria situada a cincuenta metros de la frontera con Asturias. No tenían ni un solo mapa, ruta o guía de la provincia vecina, situada al otro lado de un río. Es otra comunidad autónoma. Se ha dicho tanto que hay que administrar las cosas lo más cerca posible del ciudadano, que hemos terminado por convertirlo en un aserto indiscutible. El problema es que no siempre es más eficiente la administración más cercana. Un ejemplo palmario es el urbanismo. Utilizado para financiar a todo plan a los ayuntamientos durante la salvaje burbuja inmobiliaria, ha sido más fácil manejar y corromper a munícipes, de lo que habría sido con autoridades regionales o nacionales. Así se han diseñado cientos de urbanizaciones a capricho de los promotores por norte, sur, este y oeste. Y después se han construido viales y equipamientos con cargo al contribuyente.

El PSOE andaluz, en su estrategia para agarrarse al poder en la Junta, tiene ya un catálogo de reivindicaciones que hacer al próximo Gobierno, que propios y extraños dan por seguro que será del PP. (El 20-N se presenta con una escasa emoción por el resultado). Y en el mascarón de proa de la confrontación con el Gobierno, los estrategas regionales han situado al río Guadalquivir. El carácter andaluz del río central de la región, recogido en el nuevo Estatuto de autonomía, ha sido invalidado por el Tribunal Constitucional. Ahora tratan de convertir ese inconveniente en una oportunidad en la próxima confrontación electoral andaluza.

En esta pelea, la Junta parte en desventaja. A la sentencia contraria del Constitucional hay que añadir que ni los funcionarios de la Confederación Hidrográfica ni los regantes están entusiasmados con el cambio de titularidad en esta institución. Ha habido en esta legislatura proyectos perfectamente compatibles con una gestión nacional del agua. Sin ir más lejos, es muy interesante la idea presentada hace dos años de crear una gran ruta turística, medioambiental, monumental y gastronómica que vincule el interior de Andalucía, en los márgenes de la Y griega que forman los 720 kilómetros del Guadalquivir y los 360 del Genil: desde Cazorla y Sierra Nevada hasta Doñana. Seguir el modelo del Danubio o el Loira no es fácil. Hará falta apoyo público, pero sobre todo es tarea de la iniciativa privada. Estos planes para crear empleo y desarrollo son más rentables para los ciudadanos que las batallas políticas para conseguir el poder o aferrarse a él.

En todo caso, es imposible ponerle fronteras al agua. Puede pasar como con los turistas que cuando van a pasar a otra región, parece que estén cambiando de país o de continente. O de planeta.

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