La ciudad y los días

Carlos Colón

Cantor de santos y anarquistas

OIGO decir a Amancio Prada al presentar en Al sur de la semana su disco Vida de artista, dedicado al compositor, poeta y cantante francés Leo Ferré (1916-1993), que siempre le ha gustado rodearse de quienes son mejores que él. Se refería al gran cantante francés, a quien considera uno de sus maestros, y a los músicos que le acompañan en este disco: el pianista Chano Domínguez, la actriz y cantante francesa Agnès Jaoui, el guitarrista José Luis Ordóñez, Josete, y la cantante Eva Durán.

Los grandes no temen a quienes consideran más grandes que ellos. Al contrario, se crecen con su ejemplo. La mediocridad, escribió Chesterton, es pasar junto a la excelencia sin reconocerla. Pero aún hay una forma más dañina y perversa de mediocridad: la que reconoce la excelencia y la margina, la asfixia y si puede la aniquila para que su grandeza no evidencie la pequeñez del mediocre. Cercenar toda cabeza que sobresalga para que la nuestra, por bajitos que seamos, parezca siempre la que destaca. Lo propio de los resentidos y los envidiosos, de los mediocres ambiciosos que temen a quienes saben mejores que ellos. Habitual en todos los ámbitos humanos, este vicio hace estragos en la política. Ojalá que quienes se ocupan de la cosa pública imitaran a Amancio Prada y no tuvieran miedo de rodearse de quienes son mejores que ellos.

Y no se limita a esto el buen ejemplo que representa el cantante. Su pasión por la excelencia también derrota todo prejuicio. A la vez que presenta este disco en homenaje a Leo Ferré, anarquista y anticlerical furibundo que compartía con Georges Brassens y Jacques Brel las posiciones más radicales entre los grandes la edad de oro de la chanson, Amancio Prada presenta otro disco, Concierto de amor vivo, grabado en la iglesia madrileña de los Jerónimos, que recoge sus recreaciones musicales de poemas de San Juan de La Cruz.

Cuatro siglos, dedicaciones y niveles distintos en la creación y dos visiones del mundo opuestas separan al carmelita San Juan de la Cruz y al cantante libertario Leo Ferré. Pero -cumbre de la mística uno y de la chanson el otro- les unen la sensibilidad y la inteligencia. Dos cualidades que siempre han distinguido también a Amancio Prada, permitiéndole crecer al medirse sin miedo con quienes considera mejores que él y salvar abismos entre quienes sólo los prejuicios pueden hacer parecer radicalmente incompatibles. Bueno sería que estos valores, que tienen la inteligencia y la sensibilidad como común denominador, se contagiaran a toda la sociedad española antes que la mediocridad y la intolerancia vuelvan a desgarrarla.

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