La tribuna

Gabriel Cano

Cataluña y Andalucía

EXISTE un menosprecio de algunos dirigentes catalanistas hacia Andalucía, probablemente para desidentificar a una importante parte de la población de origen andaluz, a fin de atraerla a su terreno. Así podemos encontrar declaraciones y escritos desde Jordi Pujol, 1976, sobre el hombre andaluz (incoherente, anárquico, destruido, poco hecho e ignorante) hasta las más recientes del portavoz del Govern, Francesc Homs ("Aquí [en Cataluña] hubo una gente en el siglo XIX que decidió hacer la revolución industrial, mientras pastoreaban cabras en otros lugares del Estado español y ni se lo plantearon… O miramos a Andalucía o miramos a los alemanes"). En este caso, además del mencionado menosprecio, se pretende demostrar un desarrollo catalán autónomo, ante lo que conviene realizar algunas precisiones.

A principios del XIX Andalucía tenía un producto interior bruto por habitante (PIB/h) superior a la media estatal (a la que no llegaba Cataluña) y, según el Diccionario de Madoz, contaba a mediados de ese siglo con una potente industria, tanto de autoabastecimiento como exportadora, basada principalmente en las dos locomotoras del desarrollo en la revolución industrial: siderurgia y textil. La primera radicaba principalmente en Málaga y Sevilla, pero también en Marbella, El Pedroso, Cádiz o en fundiciones de plomo como Adra. La textil estaba más dispersa: Sevilla, Cádiz, Málaga, Antequera, Ronda, Écija, Baena, Osuna, Albox, por citar algunos. Existía una relevante industria agroalimentaria (azucarera y tabaco, sobre todo) y una serie de producciones de todo tipo, curtidos, cordobanes (Grazalema), calzado, madera, muebles, metálicas, herramientas, loza, alfarería, jabón, astilleros en varios puertos (Sevilla, Huelva), lámparas de Lucena, joyas (Córdoba, Cádiz)…El comercio y los transportes eran importantes y, aunque hubiese cabras (resistente animal muy apropiado para zonas áridas de escasos pastos), el panorama andaluz de mediados del XIX no era precisamente el que describe Homs.

Pero antes de esas fechas comenzó la presión desde Cataluña hasta conseguir un proteccionismo que la va enriqueciendo, adueñándose del mercado textil español, incluidas Cuba, Filipinas y Puerto Rico hasta 1898. Así, los Aranceles de 1826 o 1941 (con gravámenes de hasta el 25 % o más), costando la vara de algodón 4 francos, mientras las procedentes de Inglaterra podrían haberse comprado por uno, según Stendhal, 1839. Y, así, durante el XIX Cataluña consiguió ser la primera en muchas cosas (línea férrea, producción y distribución de electricidad, alumbrado…), continuando los privilegios en el siglo XX (nuevos aranceles, 1926 y 1928, monopolio de ferias de muestras internacionales hasta 1979, primeras autopistas, instalación de Seat, entrega a empresas catalanas del sector estratégico de la energía, modelos convenientes de financiación autonómica…).

En Andalucía, por el contrario, la función agraria asignada (además del expolio minero), en un régimen de abundante latifundio y absentismo de terratenientes (localizados muchos en Madrid), llevan entre otras razones a la pérdida de empleo con la mecanización a partir de los años cincuenta del XX. Así comienza una fuerte emigración que hasta los ochenta contabiliza unos dos millones de salidas, de los que la mitad (aparte los nacidos ya allí), estaban en Cataluña según el censo de 1981 (esto es casi el 20% de la población), aunque no es el único centro de oferta de empleo (también Madrid, País Vasco, Valencia, Francia, Alemania, Suiza…). Se estableció una relación directa Andalucía/Cataluña con las consecuencias propias de las migraciones: en la zona receptora aumento de población, rejuvenecimiento, incremento del consumo, de las viviendas, servicios, infraestructuras, etcétera. Mientras que en los centros emisores, Andalucía en este caso, se produce todo lo contrario

La distribución de los presupuestos estatales durante la centralización franquista benefició más a Cataluña que a Andalucía y la desagregación autonómica atenúa esa situación, pero también parte de los fondos europeos no se añaden siempre al montante autonómico, sino que a veces los sustituyen. Lo actual es muy conocido; por ejemplo, en el último reparto del Fondo de liquidez autonómica (FLA), Cataluña recibe el 30 % del total con una media por habitante casi el doble de la andaluza. Y hoy el PIB/h catalán supone un índice de casi el 118 de la media estatal, mientras que Andalucía no llega al cien (75).

Como conclusión de estas notas recordatorias, a propósito de la justificación de Homs: aunque en parte ha actuado la laboriosidad y el espíritu de iniciativa de la sociedad catalana, ésta ha llegado a la ventajosa situación actual con notables aportaciones externas, incluidas las andaluzas.

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