DE POCO UN TODO

Enrique García-Maíquez

Cenizas y cenizos

CON gran satisfacción leí el domingo los artículos de José Aguilar y Carlos Colón. Ambos sostenían que las consideraciones de los obispos para estimular el voto responsable de los católicos beneficiarán en realidad al PSOE. Y Carlos Colón contaba que un amigo suyo, que pensaba abstenerse, ahora, empujado por la Conferencia Episcopal, iba a votar a ZP.

Pues cómo me alegro, sinceramente. La intención de los obispos no era intervenir a favor de ningún partido ni hacer cálculos electorales, y así quedará más claro. Lo propio del Obispado es exponer unas nociones morales básicas, como pide San Pablo: "predica la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, con oportunidad y sin ella" (2 Tim. 4,2). Lo que ocurra después ya no es problema suyo.

Los estrategas del PSOE han decidido sacar petróleo del asunto y, olvidando lo devotos que fueron cuando los obispos condenaban la guerra de Iraq, ahora les afean que intervengan en la vida pública. Se han lanzado a una campaña basada en la descalificación del adversario y en el meneo histérico de viejos espantajos anticlericales. A Rajoy, porque les critica la economía y la política exterior, lo llaman cenizo. Y a la Iglesia, porque no es partidaria del aborto ni de la negociación política con terroristas, la cubren de cenizas. En cambio, la Junta Islámica ha pedido que se vote "progreso" y aquí nadie le afea nada de nada, naturalmente.

Hoy, Miércoles de Ceniza, comienza la Cuaresma, y hay que reconocer que los socialistas nos están dando el trabajo hecho a los cristianos. Con tantos insultos insistentes -retrógrados, insensatos, belicosos, etc.- tenemos una buena penitencia cuaresmal todos los que queremos andar siempre muy cerca de nuestros pastores.

Yo, por primera vez, he sentido pena de no ser candidato para repetir aquel discurso de Hilarie Belloc de 1906, cuando el escritor inglés se presentó por el Partido Liberal en un distrito de hondas raíces protestantes. Sus adversarios basaron la campaña en denigrarle por su catolicismo. Ignoraban, como hoy el PSOE, que tan clerical y puritano resulta pedir el voto por tus creencias religiosas como negártelo o perseguirte por ellas. Belloc comenzó su primer mitin con estas palabras: "Caballeros, soy católico. Si me es posible, voy a Misa todos los días. Esto [sacándolo de su bolsillo] es un rosario. Me arrodillo y paso estas cuentas todos los días si me es posible. Si me rechazan por este motivo, agradeceré a Dios que me ahorre la indignidad de representarles a ustedes". Tras unos instantes de estupor, recibió un generoso aplauso. Ganó las elecciones..., pero aunque las hubiese perdido.

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