La ciudad y los días

Carlos Colón

Chávez contra Los Simpson

AHugo Chávez, tan admirado por los autodenominados progresistas españoles (muy especialmente por los camaradas de IU que van en peregrinación subvencionada con fondos públicos a honrarle), no le gustan Los Simpson. Eso no sería un problema, porque cada cual es libre de que le guste o no una serie de televisión, si el régimen que preside no impusiera los gustos del presidente a todo el país. Pero como Venezuela se parece cada vez menos a una democracia, Los Simpson han sido prohibidos a todos los venezolanos porque no le gustan al presidente.

Los dibujos animados americanos, de Disney a Los Simpson, siempre han puesto nerviosos a los totalitarios de izquierdas que adoraban los pestiños de plastilina o marionetas del Este, de los que lo único que se recibía con alegría (y alivio) era el "koniec" que les ponía fin. Eran tiempos de panfletos hoy risibles, pero entonces admirados e influyentes, como Para leer al Pato Donald. Comunicación de masas y colonialismo, escrito en 1972 por el sociólogo belga Armand Mattelart y el escritor argentino Ariel Dorfman (autor también de sesudos análisis desmitificadores como La última aventura del Llanero Solitario o Patos, elefantes y héroes: la infancia como subdesarrollo). Para ellos el pato Donald era un símbolo del dominio imperialista yanqui sobre Latinoamérica, una "metáfora del pensamiento burgués" y "la manifestación simbólica de una cultura que articula sus significaciones alrededor del oro y lo vuelve inocente al despegarlo de su función social". Ahí queda eso. El director japonés Ozu, que pese a ser uno de los más grandes cineastas de la historia debía saber menos de cine que estos sesudos varones, dijo al ver una de las obras maestras de Disney en 1943: "Viendo Fantasía comprendí que nunca podíamos ganar la guerra. Nuestro oponente era condenadamente bueno".

A Chávez le ha pasado con Los Simpson como a la divina izquierda de los 70 con Disney: ha descubierto que son una forma amarilla y perversa de erosionar la revolución bolivariana, una intoxicación imperialista que infecta las mentes de los niños venezolanos con mensajes del Imperio. La familia amarilla ha sido sustituida por Los vigilantes de la playa: es sabido que las domingas de Pamela Anderson tienen más valores revolucionarios que el humor crítico de Los Simpson. La inteligencia, en realidad, es lo que asusta a los tiranos. Y más aún reconocerla en sus enemigos. Viendo Los Simpson Chávez ha debido pensar, como Ozu, que su oponente es condenadamente bueno. Y como es un aspirante a dictadorzuelo en vez de un genio, los ha prohibido.

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