PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

La Ciudad del Empleo, ja, ja

LOS paquetes de pañuelos de papel se agotan junto a los semáforos por el indescriptible pesar que acongoja a la sociedad sevillana al enterarse de que se trunca la creación de una Ciudad del Empleo junto a las antiguas naves de Renfe en San Jerónimo. El Colegio Oficial de Psicología ha establecido turnos de guardia ininterrumpidos incluso en fines de semana y fiestas de guardar para atender la avalancha de ciudadanos deprimidos por el aviso de que la nomenklatura sindical y empresarial (CCOO, UGT, CEA, CES, INEM,...) no va a disponer de nuevos y contiguos edificios con los que convertirse en la burocracia laboral más rutilante que coloque a más de los suyos y disponga de entelequias de laboratorio para justificar por qué les va tan bien si en la calle a tantos trabajadores y empresarios de los de verdad les va tan mal.

Con la ampulosidad que caracteriza a la clase política sevillana, desde el tándem Monteseirín-Torrijos se acuñó el lema Ciudad del Empleo a una operación que incluye varias carambolas urbanísticas e inmobiliarias, como la del edificio sindical en el Duque. Antes de hacer un pabellón en Los Bermejales ya se le llama Ciudad del Baloncesto, y al posible traslado de Canal Sur al Higuerón se le bautiza Ciudad de la Imagen. Clichés periclitados que no le suben la bilirrubina a la Ciudad de Sevilla, dícese el conjunto de personas que están hasta el moño de fanfarrias e imposturas, y desean empleo y negocio a través de un nuevo modelo de innovación (real) que las clases dirigentes de la concertación son incapaces de impulsar porque ello supone trastocar todas las reglas del juego y componendas que han tejido año tras año. Aunque aparenten antagonismos irreconciliables, en el fondo comparten un modelo tan dual como injusto y a la vista de todos: trabajadores blindados o precarios, empresarios pata negra o menospreciados.

Cuéntenle a otro la milonga de que para aminorar el récord de parados es importante construir la Ciudad del Empleo.

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