La esquina

josé / aguilar

Ciudadano Rivera

SE habla mucho, justificadamente, del fenómeno Podemos, y poco, sin justificación, del fenómeno Ciudadanos, cuyo despegue no es tan espectacular ni acelerado como el de Pablo Iglesias, pero tiene visos de solidez y continuidad. Las encuestas lo colocan como cuarta fuerza política nacional, por delante de las decadentes IU y UPyD.

Es mucho para un partido pequeño y sin estructuras en casi ninguna parte de España. Ciudadanos se aglutina en torno a un líder dotado de empatía natural, Albert Rivera, sistemáticamente valorado por encima de casi todos sus adversarios, con una vocación moderada y reformadora que prende sin aristas en los caladeros de votantes del centroderecha y del centroizquierda. O sea, que puede hacer daño, electoralmente, al PP y al PSOE.

Es mucho, sobre todo, viniendo de donde viene. Nació en Cataluña enarbolando la bandera de una España constitucional, unida y democrática que ha resultado más eficaz que el PP catalán en la lucha contra el independentismo, hasta el punto de autoconvencerse para lanzarse al ruedo nacional sin complejos ni hipotecas. Convencidos de que hay un hueco no necesariamente rupturista y populista frente a los dos partidos hegemónicos.

Después de una larga temporada de ciego desprecio, el Partido Popular ha tomado conciencia del peligro y ha pasado a la ofensiva contra esta nueva opción. Con armas de grueso calibre. Grueso y basto: Floriano se empeña en llamarlo Ciutadans y Cospedal habla de un partido catalán sin proyecto político conocido.

La intención, nada disimulada, es descalificar a Ciudadanos tratando de reproducir el éxito que tuvo el bipartidismo dominante hace casi treinta años frente al Partido Reformista, el más sonoro fracaso de creación de una nueva formación política que se recuerda. Pero aquello fue un proyecto artificial, tan hinchado de dinero como ayuno de ideas, puesto al servicio del nacionalismo catalán. ¡Se conocía como Operación Roca (Junyent)! Con eso está dicho todo. El de Rivera no es un proyecto catalanista, sino un proyecto español que ha dado sus primeros pasos en Cataluña. De ahí que no despierte recelos especiales fuera de su lugar de nacimiento.

La duda es si la debilidad orgánica y la falta de líderes territoriales de Ciudadanos no será un obstáculo insalvable para transformar su potencial capacidad de arrastre en fuerza política y electoral.

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