el periscopio

León / Lasa

Consecuencias económicas del "buen tiempo"

Los veranos comienzan a ser inaguantables y ya el cambio climático no es cuestión de leer noticias o ver documentales

COMO sobre gustos no hay nada taxativo, vaya por delante mi máximo respeto para aquellos, que al parecer son legión, que equiparan las altas temperaturas con el "buen tiempo". No estoy entre ellos: ya sea por genética, por presión sanguínea o por mi devoción por la nieve y el hielo. Sin embargo, el progresivo e incontestable calentamiento del planeta, que hace que cada verano que llega nos parezca un poco más tórrido que el anterior, y que nos afecta o puede afectar tanto o más que la ya cansina y crisis griega, parece que empieza a causar estragos en esas filas y que, a cuenta gotas, los que desertan sean cada vez más numerosos. El verano comienza a ser en estas latitudes una estación inaguantable. No voy a dar la brasa, por ahora, sobre las tesis weberianas, pero que difícil es ver un país frío y pobre; y qué común es constatar lo contrario. Y si aceptáramos esas premisas -el planeta se calienta; el calor dificulta la laboriosidad- la que nos espera, económicamente, es de aúpa.

El planeta se calienta y ya no tenemos que esperar a leer noticias alarmantes o a ver documentales catastrofistas: lo padecemos a diario en nuestras delicadas carnes y bolsillos: vivir sin aire acondicionado hoy es inimaginable. El calentamiento global ya no es quimera de los perroflautas de los años 80, de aquellos verdes comandados por la bella Petra Kelly, es algo que solamente las partes interesadas en el Gran Negocio pueden negar. Si veintiuna de las treinta primeras empresas mundiales, según el ranking de la revista Fortune, tiene su principal nicho de mercado en los sectores petrolífero, gasístico, automovilístico, etc., esto tiene pocos visos de cambiar, salvo el consabido maquillaje estético (sembremos un arbolito por cada coche vendido etc., etc.). Según el reciente Informe Británico sobre los Riesgos del Cambio Climático, de aquí a finales de siglo la temperatura global del planeta continuará subiendo de tres a siete grados hagamos ya lo que hagamos (la inercia es importante: aunque dejáramos de emitir CO2 de un día para otro, ese calentamiento es ya irreversible); los niveles marítimos subirán entre 40 centímetros y varios metros, dependiendo de escenarios y lugares; y las consecuencias agrícolas y económicas pueden ser devastadoras. Nueve de los diez años mas calurosos de la Tierra, desde que existen registros, hace unos 135 años, han tenido lugar en el siglo XXI; 2014 ostenta el récord (hasta ahora) en lo que a temperatura se refiere; y en ese ejercicio la cobertura de nieve en invierno en el hemisferio norte fue la mitad de lo normal. Así las cosas, asistir a una nevada en Soria se va a convertir en un espectáculo tan exótico como ver las auroras boreales en las islas Lofoten. Que Dios nos coja confesados aunque alguno, sin duda, pensará que para entonces, "todos calvos", o que salga el sol por Antequera.

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