Editorial

Controladores bajo control

EL Gobierno de España tomó el pasado viernes una decisión contundente respecto al conflicto que mantenía con los controladores aéreos: aprobó en el Consejo de Ministros un real decreto ley con el que modifica las condiciones laborales del sector. Las principales novedades que incluye esta reforma tienen por objeto reducir lo que el Ejecutivo ha venido en llamar "privilegios" de los controladores, una calificación que no es un desatino si comparamos las condiciones de que disfrutaban hasta ahora no ya con las de la mayoría del resto de ciudadanos y, especialmente, de los trabajadores que tienen un empleo público, sino con las de sus homólogos en la UE. Entre los cambios más significativos que introduce el real decreto ley, publicado urgentemente en un Boletín Oficial del Estado extraordinario, está el aumento de horas laborables anuales, que pasa de 1.200 a 1.750, atendiendo a la media que han trabajado los controladores sumando la jornada adicional voluntaria. Este aumento de la jornada supone una importante reducción del cobro a precio de oro de horas extraordinarias: el Ejecutivo calcula que ello supondrá una rebaja de los altísimos emolumentos de aproximadamente el 40%, según las explicaciones dadas por el ministro de Fomento, José Blanco, quien ha llevado este asunto de manera personal y con gran decisión. Es esta cuestión la que permitía que los controladores españoles cobrasen casi el doble de la media de sus homólogos europeos. También reduce el decreto los periodos de descanso tanto en turno diurno como nocturno, establece cuadrantes por meses naturales y con un conocimiento previo de diez días, frente a los 90 de antelación impuestos antes, y se suspende el derecho a pasar a la licencia especial retribuida a los 52 años. Consideramos oportuno que el Gobierno haya legislado con celeridad, para evitar medidas de presión (se ha introducido también el despido disciplinario en caso de incumplimientos) que pudieran colapsar el tráfico aéreo. Lo fundamental es que Aena recupera el control sobre los controladores, que dejan de organizarse como quieran en el desempeño de su labor, un ejercicio que no se da en ninguna actividad y que resulta sorprendente que se mantuviese durante tantos años.

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