la ciudad y los días

Carlos Colón

Convertir las cuatro letras en realidades

HUBO un momento milagroso en el que los dos contendientes habían ganado los congresillos del fin de semana que conducen a las primarias que se celebrarán el mes que viene en Sevilla (¡qué sincero y puro cariño le han tomado los partidos nacionales a Andalucía, sin que en ello medie el interés por las autonómicas de marzo!). El Telediario abrió con esta sorprendente afirmación: "Rubalcaba y Chacón afirman haber ganado". Los protagonistas lo confirmaban, dándose durante el día de ayer ambos por ganadores. Rubalcaba afirmaba llevar una ventaja de 90 delegados. Y Chacón decía haberle superado. La precisión de los datos ofrecidos por el entorno del primero parecía darle la razón. Hay partido. Pero con malos equipos. El triunfo de Chacón podría ser catastrófico para el PSOE. Y el de Rubalcaba sólo un mal menor.

Ni la una ni el otro ofrecen las garantías necesarias para reflotar y resanar un partido tan importante a la vez que tan herido de errores y escándalos. Haría falta alguien nuevo que representara para el PSOE de 2012 lo que González representó para el de 1974.

Alguien que recuperara la P, cohesionando el más veterano de los partidos políticos españoles y el único con capacidad para alternarse en el Gobierno de la nación con el PP. Que recuperara la S, rescatando lo perdido, corrigiendo lo viciado y adaptando a las nuevas y cambiantes realidades el ideal histórico que representa el socialismo.

Que recuperara la O, no en un sentido demagógico que desde hace muchos años no corresponde a la realidad social, sino en el de la representación y defensa realista de los trabajadores -en el moderno e interclasista significado de la palabra- en este momento de declive de la política, cuestionamiento del Estado de bienestar y despotismo económico; y en un sentido de coherencia que obliga a una honestidad y sobriedad en el estilo de vida que son -o deben ser- connaturales a las ideas y los ideales socialistas; sin olvidar jamás que la elección socialista, como la vocación cristiana, está obligada a atender primero a los últimos. Alguien, por fin, que recuperara la E de España, devolviéndole al PSOE siquiera un poco de su jacobinismo para que se frenen algunas derivas nacionalistas que dividen al partido y no favorecen la cohesión solidaria de España.

Parece evidente que Rubalcaba y Chacón carecen de la voluntad, ilusión, ideales, capacidades o fuerzas para acometer estas necesarias renovaciones que volvieran a hacer del PSOE algo más que unas meras siglas tras las que todo cabe. Un proyecto de futuro para España y un proyecto de vida -¡la coherencia!- para sus líderes y militantes.

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