Cuchillo sin filo

Francisco Correal

Cruzando el Sena

AEsperanza le gusta colocar en el expositor de la calle los semanarios extranjeros. En la portada de Le Point aparecen enfrentados una serie de conceptos como adversarios de una velada de boxeo: Cultura contra Naturaleza; Razón contra Pasión; Civilización contra Pureza. Por la procedencia de la revista, alguien pensaría que el protagonismo de este número recaía en Carla Bruni, la nueva Evita de los franceses: la musa salvaje arramblando con la Enciclopedia de Diderot y D'Alembert, la Pasión que le quita la Razón a Flaubert para dársela a madame Bovary, una alianza en el dedo índice de las civilizaciones. El gozo en un pozo: este gran combate de ideas lo presiden dos púgiles de peso: Voltaire y Rousseau. La guerra sin fin, se lee en el subtítulo de Le Point. En España, donde la filosofía se quedó en Aranguren y Tierno Galván, hoy sólo Belén Esteban y Jaime Peñafiel pueden rivalizar para un pugilato de tanto calibre metafísico.

Y no es porque los franceses nos den sopas con hondas con la Ilustración. En un seminario sobre la Iglesia española y la Guerra Civil, un historiador francés comentó la incidencia que el exilio tuvo, con la desinteresada connivencia del gauchismo, en acuñar un estereotipo de España como depósito espiritual de todos los retrocesos históricos y negación de los avances de la humanidad, empezando por los que aportaron los lumbreras de la Revolución francesa. Quienes todavía comulguen con ese complejo, deberían leer Suite Francesa, el testamento literario de Irène Némirowsky. Es la réplica femenina de John Kennedy Toole y La conjura de los necios. Si el manuscrito del norteamericano vio la luz gracias al empeño de su madre, Suite Francesa fue salvado del olvido por las hijas de su autora. Kennedy Toole se suicidió por la indiferencia editorial. La familia de Némirowsky sufrió en San Petersburgo la persecución bolchevique y ella misma la padeció por judía en París, asediada por los nazis y la propia gendarmería francesa, que puso de su parte para que la escritora muriera antes de cumplir los cuarenta años en el campo de exterminio de Auschwitz.

La tarde que Sastre se colocó el maillot amarillo en Alpe d'Huez, leí la historia del párroco que enseñaba el catecismo a los hijos de campesinos en el Puy de Dôme y dejó la tarea para participar en la evacuación de París cuando los alemanes cruzan el Sena. Cultura contra Naturaleza. Razón contra Pasión. Civilización contra Pureza. Ni Voltaire ni Rousseau tienen la culpa de que la actualidad nos pusiera un increíble ejercicio práctico de esas disyuntivas: la detención el mismo día de Radovan Karadzic y los integrantes del comando Vizcaya. Los nazis de distinto cuño siempre están cruzando el Sena buscando la pureza y sin oír a Brassens.

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