Desde el fénix

José Ramón Del Río

Cuaresma

AYER fue miércoles de ceniza, dando comienzo el período litúrgico de la Cuaresma. Como su objetivo es preparar la Pascua de Resurrección, dura desde dicho miércoles hasta el Sábado Santo. En este año 2009, desde el 25 de febrero al 15 de abril. No dura, pues, 40 días, ni termina, por tanto, la Cuaresma, como muchos creíamos el Domingo de Ramos, sino seis días más, porque resulta que los domingos de este tiempo son pascuales y no cuaresmales y no entran en el cómputo. Los que en esta provincia, donde se producen tan ricos caldos, en Jerez, El Puerto, Sanlúcar y Chiclana y que durante la Cuaresma se abstenían de beber vino (salvo el día de San José), tampoco debían de estar informados de ese detalle.

En los tiempos en que vivimos, el sacrificio que se exige en la Cuaresma y que constituye el cuarto de los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia, reducido a ayunar dos días (el miércoles de Cuaresma y el Viernes Santo) y abstenerse de carne los viernes, pese a su levedad, no tiene muchos seguidores. Además, y como están las cosas, es difícil que se asuman voluntariamente más privaciones para añadir a los que nos trae la vida cotidiana. Pero, aun dejando a un lado cualquier consideración religiosa, sí que es necesario que algo nos recuerde que nuestra voluntad tiene que estar por encima de nuestros apetitos y debilidades. Buen recordatorio ha sido el que ha hecho el arzobispo coadjutor de Sevilla, monseñor Asenjo, escribiendo que el ayuno cuaresmal debe hacernos reflexionar sobre la tristísima situación en que vive un tercio de la humanidad, forzados -ellos sí- a ayunar como consecuencia de la injusta distribución de bienes y la insolidaridad de los países desarrollados. Aunque no sea más que por este recordatorio, a todos nos tiene que merecer la pena la existencia de la Cuaresma.

El que sin duda va a comenzar la Cuaresma con el ánimo bien dispuesto a la penitencia y al sacrificio, reflexionando los fugaces que son las pompas de este mundo, es el ex ministro Bermejo, obligado a dimitir por sus intemperancias e infracciones. Yo, sin embargo -y conmigo más de un millón de cazadores-, lo voy a recordar con agradecimiento, porque, a la vista de que cazaba sin licencia en nuestra comunidad autónoma, teniendo la de otra comunidad, varias comunidades (faltan la Extremeña y Castilla-La Mancha) van a acordar que, entre ellas, la licencia sea única. Esto de que para cazar en España haya que proveerse de 17 licencias de caza es uno de los disparates del Estado de las autonomías. ¿No se le ocurrirá a alguna autonomía que los permisos de conducir no sean válidos más que en su respectiva comunidad autónoma y coloquen fielatos en sus fronteras para garantizarse el cobro?

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