La esquina

josé / aguilar

Cuidadito con las encuestas

NO sé si alguien podrá repetir aquel grito exultante y catártico de la primavera de 1996 de un Manuel Chaves ("¡Le hemos dado la vuelta a las encuestas!") resurgido de la pinza PP-IU que le había impedido gobernar durante dos años, pero las elecciones del 22-M, adelantadas como las de entonces, se presentan más inciertas que nunca.

Ello es así porque el escenario político andaluz presenta una volatilidad insólita. Faltan certidumbres sobre lo que puede ocurrir (si acaso, la de que nadie logrará la ansiada mayoría absoluta para gobernar en solitario y sin ataduras). A la irrupción de Podemos se está uniendo la más insospechada de Ciudadanos. Como PSOE y PP mantienen sus expectativas e IU no sufre en Andalucía la intensidad de su crisis en el resto de España, el panorama se ha vuelto así de complicado: cinco partidos van a obtener una representación digamos cualificada en el Parlamento andaluz.

Con un solo dato se entenderá la complejidad de la situación. El PP logró en 2012 la minoría mayoritaria gracias a que se hizo con casi todos los restos de votos provinciales resultantes de aplicar la Ley d'Hont. Ahora bien, eso ahora no se va a producir. Cada último escaño en cada circunscripción se va a disputar a cara de perro gracias a las expectativas electorales de las cinco formaciones políticas citadas. El Parlamento autonómico va a ser más plural. Que Andalucía resulte también más ingobernable nadie lo puede ahora asegurar o descartar. Habrá actas de diputados sacadas por sólo un puñado de votos.

Una consecuencia adelantada de esta situación es que las encuestas van a ser menos fiables que nunca. Seguirán acertando más o menos en las tendencias que se han ido generando en la opinión pública, pero hará mal quien confíe ciegamente en la inexorabilidad de sus resultados concretos. No ya por los tamaños de la muestra, que suelen ser insuficientes, ni porque la ya asentada entrevista telefónica deja fuera del campo de consulta a todos los andaluces que carecen de teléfono fijo. Y también, sobre todo, por esa volatilidad de la escena política, que ahora mismo es más un chicle que una foto fija. Piensen en la "cocina" de los sondeos: ¿quién se atreve a interpretar o deducir en una encuesta en la que los partidarios de dos partidos en ascenso no pueden ni manifestar recuerdo de voto anterior sencillamente porque no existían?

No se fíen de las encuestas, pues. De las del 22-M, menos que nunca.

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