La esquina

Cuidado con las 'lecturas' precipitadas

PLENO en las encuestas a favor del Partido Popular: todos los sondeos publicados el domingo pasado apostaban por la victoria del PP en las elecciones del venidero. Entre dos y cuatro puntos porcentuales de ventaja le daban a la lista encabezada por Mayor Oreja sobre la liderada por López Aguilar.

En realidad, como ya se ha sugerido aquí, el gran triunfador del 7-J será el partido de la abstención, que probablemente aglutinará a más de la mitad del electorado. Es lo que auguran los encuestadores después de cruzar las respuestas directas de los entrevistados con otros datos sobre intención, recuerdo de voto y valoración de candidatos.

No se fían de los propósitos de los votantes, y hacen bien, porque cuando se les pregunta si piensan ir a votar el domingo nada menos que el 71% de los encuestados responde "seguro que sí" y el 13% "probablemente sí" (encuesta de Metroscopia, para El País, con datos semejantes en otras), cifras que no se cree ni el más desaforado de los optimistas defensores de la importancia de estos comicios. Los demóscopos relacionan tales resultados con el llamado efecto de deseabilidad social, es decir, la tendencia de los entrevistados a contestar lo que creen que se espera de ellos. Vamos, que la gente es muy embustera y miente descaradamente, uncida al yugo de la corrección política y la respetabilidad. Pasa mucho de participar en unas elecciones que ni sabe de qué van, pero se avergüenza de reconocerlo y de que un desconocido lo apunte.

Una vez descontados los abstencionistas por reflexión o convicción, los abstencionistas por pasotismo y los aludidos abstencionistas vergonzantes, el partido más votado será seguramente el PP. Yo creo que los equipos de campaña, candidatos y asesores ya están preparando el argumentario para la noche electoral. Las lecturas que van a hacerse serán tal vez más interesadas y subjetivas que nunca, porque estos comicios tienen menos valor objetivo que simbólico.

Una victoria holgada de la lista del PP terminaría de consolidar a Mariano Rajoy como candidato en las próximas generales, tras el triunfo en Galicia y los resultados influyentes en el País Vasco (hay quien dice que es lo que conviene al PSOE para cerrar el paso a un candidato popular con más tirón). Una victoria ajustada, por el contrario, podría volvérsele en contra, al evidenciar que ni en el peor momento de la crisis de los cuatro millones de parados ni en unas elecciones en las que el castigo a los gobernantes es cómodo y barato Rajoy es capaz de derrotar con claridad a Zapatero.

Conviene que unos y otros rehúyan las conclusiones precipitadas. Al fin y al cabo, falta mucho tiempo para unas nuevas elecciones generales y, entretanto, van a ocurrir un montón de cosas.

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