Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Decir traición resulta excesivo

En un mundo donde por dinero baila el perro no cabe llamar traidor al que acepta mejorar económicamente

CUALQUIER adjetivo calificativo es más ajustado en el mundo del fútbol que el de traidor. Traidor es el calificativo que para José María del Nido merece Juan de la Cruz Ramos tras su marcha a Londres. Estábamos en víspera de partido cuando el presidente dijo esto y seguro que las neuronas no le permitieron que enfriase el dulce plato de la venganza. Pero traidor en un mundo donde por dinero baila el perro, y no me refiero únicamente al mundo del fútbol, sino a esta aldea global que habitamos y en la que tanto sitio hay para especuladores, mercenarios, saltimbanquis en la cuerda más floja de todas, etcétera, etcétera.

Lo que hizo Juande Ramos lo hace casi todo el que pueda hacerlo, no sólo él, sino cualquiera al que le hubiesen puesto sobre la mesa una oferta como le pusieron los blanquillos del norte de Londres. No seré yo quien aplauda lo que Juande hizo de abandonar el caballo a mitad de la carrera, claro que no, pero eso de calificar de traición lo de aceptar una oferta mejor bajo la propuesta de sí o sí, ahora o nunca, parece desproporcionado. Otra cosa es que el cien por cien del sevillismo ya no se fije en él, que seguro que así será cuando sale de boca de tan perfecto conocedor de su colectivo como es el presidente de dicha colectividad. Eso sí está correcto, pero traidor...

Es muy fuerte dicho calificativo y la verdad es que, conociendo al personaje, no me lo esperaba. No está en consonancia con la ejecutoria del que bien puede ser denominado de pleno derecho mejor presidente de todo un siglo, del siglo largo que abarca la historia del Sevilla. Desconozco si todos los sevillistas pasan de lo que haga o deje de hacer Juande, soy de los convencidos de que la vida sin el manchego es posible y de que el Sevilla terminará adaptándose a su ausencia, pero calificar de traidor a un profesional por aceptar una oferta imposible de rechazar me parece tan excesivo como inapropiado. Inapropiado sobre todo en un presidente de tanto éxito personal.

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