Un día en la vida

manuel Barea /

Dedos pringosos

LOS fundadores de Manos Limpias se presentaron como héroes sin espada dispuestos a acabar con la inmundicia que chorrea en las instituciones y a descalabrar a sus compinches de chanchullos en empresas privadas. No cejaron ni con la Casa Real. ¿Por qué iban a hacerlo? Aquí no se salva ni el Rey, o desde luego no su hija, por muy infanta que sea.

Dado que histórica y patológicamente los españoles son propensos al deslumbramiento y a la adhesión inquebrantable y al seguidismo fanático y a la novelería -y no sólo en política, también en el deporte, el cine, la televisión, la literatura, la moda, la gastronomía...- Manos Limpias recibió el aplauso de muchos. "Ya era hora de que alguien pusiera a toda esa gentuza en su sitio", se oyó decir. Hacía tiempo que un sindicato -porque la organización decía ser un sindicato de funcionarios- no era vilipendiado. Al contrario. El hastío, el desencanto y la indignación aumentan la ceguera de los engañados, que echan mano del primer iluminado que se cruza en su camino incapaces de descubrir que se trata de un mafioso disfrazado de justiciero Robin Hood: no se apodera de las alforjas de los ricos para repartirlas entre los menesterosos, se las queda él mientras propaga que está consiguiendo llevar a los sinvergüenzas a la cárcel.

A estas alturas ya va siendo hora de recelar de quien presume de tener la solución para los males de este mundo, pero más aún de quien se arroga la exclusividad de ser látigo y azote de los poderosos. Habría que haberlo hecho mucho antes, porque ya estamos en 2016, pero en esto seguimos anclados en la Edad Media: llega un clérigo de la ultraderecha -como es el caso del jefe de Manos Limpias- o de la izquierda radical, se sube al púlpito y escupe y nos embadurnamos con sus salivajos como en una ablución purificadora.

Lo que queda es una pringue. Los limpiadores hacen caja porque los poderosos se avienen a pagar lo que les piden en un enjuague entre ellos. Repito: Manos Limpias es un sindicato. Jimmy Hoffa también dirigió otro. Fue un transportista estadounidense que enfrentó a pequeños empresarios con grandes compañías para obtener beneficios. Echó mano de la mafia para despejar dificultades. Otro gangster muy conocido por todos nosotros, Tony Soprano, respondía que se dedicaba a la gestión de residuos al ser preguntado por su profesión. Manos Limpias también se ha dedicado a engordar de basura. Hasta reventar.

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