Ojo de pez

pablo Bujalance

Demócrata lo serás tú

EL asunto de los escraches, lejos de perder fuelle, continúa bien álgido a costa, esencialmente, de decisiones y declaraciones desafortunadas esgrimidas desde uno y otro bando. Como decía un tío mío bastante escéptico, hay bocazas donde hay micrófonos. La corriente, por llamarla de alguna manera, ha servido en bandeja a quienes la impulsan y a sus contrarios la posibilidad de dejar bien claro de cara a la galería en qué consiste, según sus particulares criterios, actuar como un verdadero demócrata y en qué consiste todo lo contrario. La opinión mayoritaria no ha tardado en situar los escraches fuera de cualquier consideración democrática. Y esto es razonable: el hostigamiento personal al político en la puerta de su domicilio, que terminan pagando injustamente sus familiares, es rechazable en todos los términos. Pero conviene analizar el modo en que algunos de los señalados, todos ellos del PP, han señalado a su vez a los practicantes del escrache como antidemócratas. Porque esto también refleja, con cierta eficacia, lo que ellos piensan de la democracia.

Como es bien sabido, los populares no han dudado en comparar a los de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca con nazis y etarras. Y lo han hecho de una manera radical, absoluta, sin dejar lugar a los grises: insinuando la existencia de vínculos con organizaciones criminales y, lo que es aún más significativo, considerándose a sí mismos víctimas de implacables pogromos. Si hubieran querido ir más lejos en su demonización, sencillamente no habrían podido. Pero al dar coartada a semejantes argumentos, los señalados demuestran una abultada torpeza. Deberían saber que cuando se lanza una acusación de este calibre, lo más fácil es que el tiro salga por la culata. Y también deberían recordar que Hitler ganó sus elecciones en Alemania gracias a un programa electoral lleno de bondades que luego no tuvo inconveniente en tirar a la basura. Y de la palabra de Batasuna y ETA ya sabemos lo que podemos esperar. Así que, si se trata de comparar, a lo mejor podríamos comparar al Gobierno de Rajoy, que ha incurrido en el deshonor dudosamente democrático de traicionar punto por punto el programa con el que llegó a la silla, con lo uno y lo otro.

El verdadero problema de todo esto, más allá de las comparaciones baratas, es que los políticos no están demostrando mucha sensibilidad ante el sufrimiento de aquellos para los que gobiernan. Y el dolor no atendido no suele preocuparse por si parece o no democrático cuando se manifiesta.

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