crónica personal

Pilar Cernuda

Deporte

MIÉRCOLES Santo con final de Copa del Rey de fútbol y Miércoles Santo con noticia espléndida para la atleta Marta Domínguez, a la que una juez ha exculpado del presunto delito de tráfico de estupefacientes.

Los que en su momento exigieron tolerancia cero con la campeona y fueron implacables con ella -empezando por esta periodista- les corresponde ahora, con la misma contundencia y la misma insistencia, recoger con intensidad y espacio la noticia de que no estaba implicada en una red de distribución de sustancias prohibidas, que no se ha dopado para traer grandes títulos a España y que no facilitó esas sustancias prohibidas a sus compañeros. Y dicho esto, que hay que repetir cuantas veces sean necesarias para restaurar el daño probablemente irreparable que se ha hecho a Domínguez, las autoridades policiales tendrán que ofrecer algún tipo de explicación, porque informaron detenidamente sobre el material incautado en el domicilio de la atleta y entre ese material se encontraban bolsas con restos de sangre de las utilizadas por los profesionales del doping. ¿Tenía razón Marta cuando denunció que era víctima de una persecución política por haber formado parte de una lista del PP? Su caso no puede quedar cerrado de un plumazo, alguien tendrá que asumir responsabilidades.

El Real Madrid ganó la Copa del Rey. Si en Mestalla hubo buen fútbol lo dirán quienes saben de fútbol, millones de españoles entre los que no se encuentra, desafortunadamente, la abajo firmante. Pero lo que hubo en las gradas, una vez más, fue una prueba del catetismo que últimamente invade la vida pública española, en la que se confunde el sentimiento nacionalista, absolutamente respetable y digno de elogio, con el rechazo a lo español, y en el que se hace alarde de anticonstiucionalismo, antimonarquismo, antibandera, antihimno y antitodo.

Los países se fortalecen cuando los ciudadanos defienden orgullosos su historia, sus símbolos y sus instituciones. Sin embargo, en esta España se ensalza el antipatriotismo y la mediocridad. Así nos va. El grito republicano del grupo Celtas Cortes indica la personalidad de los integrantes de ese grupo, que por otra parte son buenos profesionales en lo suyo y no necesitaban ningún tipo de provocación ridícula para llevarse un titular. Y el campo de fútbol en el que los madridistas coreaban el himno nacional para tratar de acallar los pitos y abucheos de los seguidores del Barça, fueron ejemplo de lo que no debe ser el nacionalismo. Seguro que infinidad de catalanes nacionalistas se sintieron avergonzados de ese alarde ridículo de españolismo. Seguro.

El deporte debe estar al margen de los avatares políticos. Porque el deporte es grande por sí mismo y porque el deporte es un elemento importante de unión de ciudadanos.

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