Visto y oído

Antonio / Sempere

Diferencia

HAY algo que me gusta por encima de todo lo demás en el divertimento que Gestmusic fabrica para Tele cinco llamado Tú si que vales: el derecho a la diferencia. Y es ese valor hacia la diferencia el que me mantiene pegado al sillón hasta que acaba el festín. Aunque existe algún desfallecimiento que otro, y alguna situación grotesca que se podrían ahorrar, a la vuelta de la esquina surge otro diferente, otro personaje que navega a contracorriente, que merece mi atención y mi tiempo, aunque sea a modo de apoyo moral solidario.

Hace falta mucho arrojo para ponerse delante de un público a hacer lo que algunos hacen. Después está el valor en sí mismo del trabajo con el que han alcanzado las destrezas que exhiben. Pero ese es secundario. El que me hipnotiza y atrapa mi atención es el coraje que le echan algunos participantes antes de su sucumbir ante sus aficiones. Por más que no sean mayoritarias.

Apareció el otro martes un adolescente de diecisiete años que mostró sus dotes de majorette y su manejo del bastón. Contó cómo le insultaban en clase. Los miembros del jurado, a la altura de las circunstancias, supieron bromear sobre el asunto. Por momentos parecía como si Ángel Llácer hubiese vivido una adolescencia paralela a la de este chico, sufriendo en silencio sus deseos de ser bailarina.

Y otro tanto se podría decir de Jorge Cadaval, de Noemí Galera y de la estrella invitada Loles León. A su manera, y una manera muy digna e inteligente, reivindicaron la diferencia. Y lo que visto de lejos podría parecer una reunión de frikis, a poco que se escudriñara con la mirada del cariño se tornó en otra cosa mucho más agradable y cercana.

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