Visto y oído

Antonio Sempere

Don Manuel

COMPARECIÓ don Manuel Alexandre en el escenario del Palacio de Congresos, y aquello se vino abajo. La gala de los TP, que hasta ese instante mantenía un tono demasiado liviano, como si la televisión que se hace en la actualidad fuese cosa facilona, repetitiva y muy pero que muy superficial, recuperó el pulso. Y por unos momentos la emoción se adueñó del auditorio y de quienes seguían la ceremonia desde casa.

Salió a presentar el TP de Oro a toda una vida el actor Alvaro de Luna, amigo y compañero desde los tiempos de la tertulia del café Gijón. "Manolito", levantó la voz Alvaro, y allá que apareció el actor en activo más longevo de la escena española. Apoyándose en otros. Con el paso titubeante, un pelo cano más largo de lo habitual, y muchas lágrimas en los ojos.

Se acercó al atril, y sólo pudo concluir una idea. Que lo más estimable en su vida era la amistad. Y que de ver a tantos amigos aplaudiéndole no sabía qué decir. El atribulado realizador pinchó la cámara en la que se veía a una Cristina Villanueva secándose las mejillas. No era la única que lloraba.

El contraste estaba servido.Ya lo había dicho bien claro, minutos antes, Imanol Arias, refiriéndose a Miguel Angel Silvestre. "El Duque será el rey. Por simple relevo generacional, será el rey". Los jovencitos y jovencitas que llenaban las gradas, los que salían a entregar premios y los que formaban parte de la mayoría de equipos que subían a recoger, en plan trouppe, sus galardones, fueron testigos del terrible deterioro a que nos somete el paso del tiempo. En el mejor de los casos, eso es lo que nos espera. Un aplauso, un reconocimiento, y el legado a los que vienen detrás. La presencia de don Manuel impuso verdad en una excesivamente impostada televisión en la que tanto priman lo joven, lo terso y lo impecable.

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