La tribuna económica

Gumersindo / Ruiz

Elecciones y política económica

POCOS momentos resultan tan inoportunos como el actual para convocar elecciones anticipadas, pero eso es lo que está pidiendo la oposición y, lo que resulta insólito, algunos medios de comunicación. Las medidas propuestas por el Gobierno se han aprobado en el Parlamento con los votos del partido en el poder, aunque respondían a una exigencia de la Unión Europea para generar ingresos y reducir gasto público, evitando la especulación contra el euro y las emisiones de deuda. Esta situación afecta también a las empresas, sobre todo bancarias, que tienen que financiarse fuera, por lo que la aprobación era imprescindible. Además, se han tomado aquellas (pensiones, sueldos de funcionarios) que impactan de inmediato en las cuentas públicas, ya que otras como el aumento de los impuestos tendrían efecto con retardo.

Unas elecciones anticipadas sólo serían útiles si de ellas saliera un gobierno con holgada mayoría absoluta, que pudiera tomar medidas drásticas sin tener que estar sometido a las presiones de los demás partidos. Pero los ciudadanos dudan que alguien sea capaz de solucionar los problemas de nuestra economía; entre otras cosas porque nunca hemos vivido una situación como ésta.

Los problemas básicos de la economía española han sido identificados desde hace más de dos años: el sector inmobiliario que incide en el paro y en los balances de las entidades financieras; el enorme crecimiento de la población activa entre 1996 y 2007, para la que no hay oportunidades estables de empleo en nuestro país; y las dificultades de crédito para la empresas. Crear, por ejemplo, un banco que recoja los activos dañados de las entidades financieras, requeriría un gobierno con votos suficientes para hacer frente a la oposición que genera cualquier intento de rescate del sector inmobiliario.

Los gobernantes, en su lucha contra los problemas económicos y los mercados, tendrían que hacer las cinco cosas siguientes. Primero, evitar ansiedades y ser predecibles, comunicando la situación con más prevención que optimismo; por ejemplo, prever menores ingresos fiscales habría sido bueno para anticipar la reducción del gasto público municipal. Rectificar no es malo, porque el entorno es incierto y cambiante y depende de las acciones y reacciones de otros; pero hay que explicar con sencillez lo que está pasando y lo que se exige de los ciudadanos. En tercer lugar, hay que dividir los grandes retos en problemas manejables; por ejemplo, una redistribución de rentas por la vía de subidas de tipos en el impuesto sobre las rentas es algo factible y completamente razonable. Tienen, además, que mostrar compasión y su preocupación por los más débiles, manteniendo la cohesión social. Y por último, lo más importante, tienen que actuar, equivocadamente o no. Aquí, en la capacidad de ejecutar, es donde hemos visto una cierta indecisión, junto con la voluntad de la oposición de valorar negativamente y oponerse a cualquier medida, aunque a veces coincidiera con sus propias posiciones. Pero como no se van a anticipar las elecciones y el consenso es imposible, el Gobierno tiene que demostrar su capacidad en "el arte de lo posible", que es una de las definiciones más clásicas de la política.

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