DE POCO UN TODO

Enrique / García-Máiquez

'Escrivivir'

GRACIAS a la generosa cobertura que Diario de Cádiz hizo de la presentación de mi último poemario, muchos que me cruzo habitualmente han descubierto que soy escritor de libros. Ahora quedaría gracioso decir que me miran raro, pero no lo hacen más raro que antes, cuando ya sabían que era columnista. Un cambio hay: van varias veces que me han dicho: "Si yo te contara… Mi vida sí que da para un libro, y de los gordos".

No quisiera que la sonrisa que me sale entonces sola me la malinterpretasen. No pienso que estén apuntando sutilmente que mi vida no da para un libro, o que los míos son demasiado delgados, y, sobre todo, no dudo en absoluto de que su vida dé de sobra. Sonrío con una leve melancolía porque sé que un buen escritor, que no seré yo, sería capaz de convertirla en una obra de arte. Casi todas las grandes novelas nos cuentan cosas -un amor, un desengaño, un recuerdo obsesivo, el paso a la madurez de un adolescente, una casualidad que cambió un destino, un problema de conciencia o un embrollo laboral- que pueden pasarle y le pasan a cualquiera. El secreto está en saber contarlas.

Y el secreto más hondo está en saber contarnos nuestra propia vida, o sea, en vernos vivirla y apreciarla, con independencia de redactarla luego o no, y con independencia de que más tarde se publique o no, y de que después la crítica y el público la aplaudan o nada. Tal vez el libro más trascendente de todos los míos sea un pequeño diario donde transcribo a mano y a vuela pluma los sucesos de cada jornada sin pretensiones literarias. Y de ese cuaderno lo más emocionante son sus páginas en blanco. He llegado a sentir el vértigo de estar ante una novela de misterio. ¿Qué me va a pasar, qué? Mayor suspense no cabe.

Recomiendo tomar notas de lo vivido porque ayuda a encontrar el sentido de los actos y el muy oculto y final valor artístico del conjunto. Pero lo esencial es nuestra libertad para escribir en el aire lo por venir. "Vivir es escribir con todo el cuerpo", ha sentenciado Vicente Quiriarte.

Leer a otros, además del placer estrictamente estético que provoca, que puede ser muy intenso, tiene el valor ético de enseñarnos a leer nuestra propia existencia. Nos vemos vivir; y eso es, según algunos, una manera de vivir dos veces, aunque más sencillamente lo es de vivir mejor, siendo capaces de corregirnos sobre la marcha. Julián Marías definía las novelas como vitaminas para nuestra vida biográfica. Nos la fortalecen y vigorizan. La vida es una obra maestra sin personajes secundarios, donde cada uno es un protagonista principal de la suya y de la de los demás, si te quieren, y viceversa.

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