En tránsito

eduardo / jordá

Estable y duradera

LEO que una tonadillera famosa ha anunciado que una hija suya, de 18 años, está esperando un hijo. La noticia en sí no tendría nada de particular, si no fuera por algunas cosas que hemos ido sabiendo estos días. El padre de ese hijo aún no nacido tiene 20 años, pero ya tiene otro niño de una relación anterior (es decir, un hijo que engendró cuando tenía 17 años, una bonita edad para ser padre). De ese padre sabemos también que no tiene trabajo -cosa que no debe extrañar a nadie en un país en el que casi el 50% de los jóvenes está en paro-, y que vive con su madre y su hermano pequeño. Del padre de ese padre tan joven que en muy poco tiempo va a tener dos hijos de dos madres diferentes tampoco se sabe nada. Quizá desapareciera hace tiempo, igual que ese futuro padre también pareció desaparecer de la circulación para el hijo que tuvo hace dos años. La futura abuela dice en un comunicado que ese niño que va a nacer es fruto de una "relación de amor estable y duradera", pero uno se pregunta cuánto ha durado esta relación estable y duradera, si la madre tiene 18 años recién cumplidos y el padre sólo tiene 20 y ya tiene un hijo.

Ya sé que este asunto afecta a decisiones íntimas y a cuestiones muy delicadas, pero hay algo que no me encaja en esta historia. ¿Es normal que una chica de 18 años vaya a tener un hijo cuyo padre ya tiene otro hijo de otra relación anterior? ¿Y qué sabe realmente esa chica de 18 años de este hombre que va a ser el padre de su hijo? ¿Lo conoce bien? ¿Se siente capacitada para convivir con él? ¿Sabe de verdad cómo es y lo que quiere de ella? Estamos hablando de personas que no parecen tener ni estudios ni trabajo ni nada de nada. ¿Están capacitadas para ser padres? ¿Y qué clase de educación pueden darle a ese hijo? ¿Saben de verdad lo que quieren? ¿O simplemente se dedican a actuar con toda la inconciencia del mundo, esperando vivir de las exclusivas y los platós de televisión? Se mire como se mire, el panorama social y moral que revela esta historia es desolador.

Si se piensa bien, estas situaciones son más propias de países del Tercer Mundo donde no hay ninguna clase de asesoramiento ni educación sexual al alcance de todo el mundo y donde los padres de los hijos adolescentes carecen de la formación suficiente para orientarles en la vida. Y por mucho que nos la pinten como una bonita historia de amor, esta historia sólo pone de evidencia un colosal fracaso educativo y un estrepitoso descalabro social. Nada más.

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