La tribuna económica

Rogelio Velasco

Expectativas en tiempos de crisis

DURANTE los últimos 15 años, los inversores se acostumbraron a recibir noticias positivas de todas las economías europeas y, en particular, de la española. Baja inflación, tasas de crecimiento elevadas, deuda pública asumible. En este entorno, las pequeñas desviaciones que se producen de los datos reales respecto de las previsiones, son asumidas por el mercado de manera proporcionada, ya sean positivas o negativas.

Sin embargo, cuando todos los datos reales son negativos y las previsiones también lo son, cualquier dato adicional que no contribuya a mejorar las expectativas suele tener un efecto amplificado sobre el ánimo de los inversores.

Ocurre estos días con las nuevas previsiones que la Comisión ha realizado sobre España. Se ha puesto en duda el cuadro macroeconómico del Gobierno para los dos próximos años. En particular, las previsiones de déficit del 6% y 4,4%, para 2011 y 2012, respectivamente, parecen optimistas. Las diferencias de Bruselas con Madrid son de sólo unas décimas. Sin embargo, han provocado que el diferencial del bono español respecto del alemán aumentase 30 puntos básicos y que la Bolsa bajara casi un 3%.

Los países más afectados por la crisis estamos envueltos en una contradictoria mezcla de contracción del gasto con el crecimiento reclamado por los mercados para ir reduciendo las emisiones de deuda. Esa mezcla se hace tanto más contradictoria cuanto más se eleven los tipos de interés, al tratarse de recursos que, en lugar de dedicarse a reducir la deuda, se filtran hacia mayores intereses pagados a los compradores de títulos españoles.

Las expectativas se están formando de manera sesgada en contra de la evolución de la economía española. Es el miedo de los inversores a encontrarse en una situación en la que no puedan desprenderse de los títulos comprados, lo que está dirigiendo al mercado.

Y ese miedo no lo combate siquiera la constatación de los errores de previsión que se cometen en contra de nuestra economía. Este año, cada trimestre, la Comisión ha ido revisando la previsión de crecimiento. En cada revisión, se ha ido acercado a la más positiva que el Gobierno español tenía. Igualmente ha ocurrido con la previsión de déficit para los dos próximos años. A pesar de esos errores, los analistas siguen ponderando de manera exagerada las declaraciones públicas del gobierno de la UE.

¿Qué puede hacer el Ejecutivo para que los mercados presten menos atención a las declaraciones de terceros y más a los datos reales sobre crecimiento y déficit? Creemos que no basta ni con más declaraciones, ni siquiera con mostrar datos más positivos mes a mes o trimestre a trimestre.

Lo único que pueden creer es la implementación de las medidas anunciadas que aún no se han llevado a cabo. La reforma del mercado de trabajo necesita concretarse legalmente, la transparencia de las cuentas de las comunidades autónomas tiene que mostrarse cuanto antes y la reforma del sistema de pensiones no puede esperar a que pasen las elecciones municipales. Durante una crisis de esta envergadura, la gestión del tiempo resulta clave para salir de ella. Y el tiempo está jugando en nuestra contra.

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