Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Felipe es de derechas

DOS días después de la votación del domingo, Felipe González ha criticado a Zapatero. De manera indirecta, eso sí. El presidente González ha hecho campaña de manera disciplinada. Pero terminada la contienda ha dicho lo que piensa. Como si hablara de Europa en general, describió la situación en España: No ve una propuesta socialdemócrata alternativa articulada, más allá de argumentos defensivos del tipo de "yo soy más garante que tú de la protección". Pero además de protección, González exige a los gobiernos que muestren a los ciudadanos el horizonte para luchar contra la crisis y salir de ella compitiendo en la economía global.

Hay más discrepancias en su intervención del martes en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Por ejemplo, que si patronal y sindicatos no acuerdan nada, el Gobierno tiene que intervenir para imponerles normas legales, lo contrario de lo que dice Zapatero. O que él no cerraría la central nuclear de Garoña. De hecho, Felipe González lleva años pidiendo un debate nuclear en Europa. Las propuestas en este campo no pueden ser simplistas, según el ex presidente. España ya es capaz de producir el 19% de su consumo de electricidad a partir de energías renovables, el mismo porcentaje que suponen los nueve reactores nucleares. Pero el avance de las renovables será lento y difícilmente sustituirán a las energías fósiles.

Saramago sostiene que la izquierda ha dejado de existir, al deslizarse progresivamente hacia el centro, y que anda por ahí humillada, contando los míseros votos recogidos el domingo. González viene a decir la contrario. Ha pedido aparcar la tensión entre la derecha y la izquierda y propone llegar a acuerdos entre los europeístas de todas las tendencias para enfrentar la crisis. Le preocupa que la izquierda en general no sea consciente de que sus propuestas han sido copiadas por la derecha, que ha intervenido más.

Estos pensamientos del ex presidente abonan una teoría que circula entre los jóvenes lobos y las jóvenes lobas del entorno ZP: hay un felipismo de derechas y un zapaterismo de izquierdas. Una visión equivocada. Es al revés. El radicalismo de Zapatero no debe confundirse con izquierdismo. González nunca habría establecido una prima de natalidad de 2.500 euros para los bebés de familias sin recursos y los hijos de millonarios. Ni habría aprobado una devolución de 400 euros para todos los contribuyentes, sin discriminación. Ni probablemente habría propuesto una ley de despenalización del aborto que permitiese a una niña de 16 años ocultárselo a sus padres. Eso se le ocurre a una ministra que no tiene hijos, ni experiencia o cualificación suficiente para el cargo. Y la experiencia es un grado: el propio presidente cuyo Gobierno implantó la moratoria nuclear en 1984, pide revisar aquella decisión. Porque ahora, dicen, es de derechas.

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