La ventana

Luis Carlos Peris

La Feria como paliativo del drama

LLENO hasta la corcha, no cabía más nadie, casi las cinco de la mañana y lo de las buñoleras estaba abarrotado. Gente que iba a rematar la jornada ante el chocolate con buñuelos, que allí se cobra como si fuese champán francés y caviar, un escándalo el precio. Y uno que llegaba, y que estaba sorprendentemente lúcido, se preguntó por el drama del momento. Con permiso de esa fiebre que han traído los amantes de Cancún, Punta Cana y demás, el drama es la crisis. Y el hombre ponía en duda que la crisis exista, dada la animación de la Feria en general y del Patio de las Buñoleras en particular. ¿Es cierto lo de la crisis? Pues claro que es cierto, pero la crisis no entra en la Feria y cuando termine la Feria vamos a enterarnos de lo que vale un peine. Y es que la Feria, esta Feria, está sirviendo de droga paliativa para la depresión, de lenitivo para aparcar los problemas, y a ver cómo amanece el día después.

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