Crónica personal

Pilar Cernuda

Fuego amigo

AFIRMA en el Congreso de los Diputados que la situación económica no es peor que hace seis meses, pero la credibilidad de Zapatero se debilita por días, y más aún cuando empieza a llegarle el fuego amigo.

El primero que metió el dedo en el ojo del presidente fue José María Barreda cuando pidió cambios en el Gobierno en cuanto finalice el semestre europeo; afirma el presidente manchego que esa petición la hace desde la lealtad y no hay por qué dudarlo, desde luego se demuestra más fidelidad al partido y a su líder cuando se dicen las cosas a la cara que cuando se reservan para los comentarios y conversaciones privadas, pero es evidente que cuando alguien relevante del PSOE, alguien de peso, recomienda cambios en el Gabinete, no es difícil deducir que ese alguien considera que este Gobierno no es el más adecuado para salir de la crisis. Aunque Zapatero insista en su optimismo funcional y en afirmar una y otra vez que hay mejoras en la economía y que peor estaba la situación hace diez años cuando la deuda pública superaba a la actual. La superaría, pero España tenía credibilidad porque el Gobierno de entonces sabía lo que tenía entre manos.

Después de Barreda fue Almunia, comisario europeo nada dudoso de antiespañolismo ni de antisocialismo, pues se siente español por los cuatro costados y es leal al PSOE como el que más. Pero Almunia no puede engañar ni a los suyos ni a los que no son suyos y ha declarado lo que todo el mundo sabe en Bruselas: que España es un lastre para la UE y que, si no presenta un programa solvente para salir de la crisis, la propia Unión Europea le marcará las normas que deberá aplicar.

El último, o penúltimo, en sumarse al fuego amigo, a la crítica a Zapatero desde sus propias filas, ha sido Jesús Eguiguren, que ha pronunciado algunas palabras de apoyo a Zapatero, pero ha deslizado un par de frases que son torpedos a la línea de flotación de la imagen del presidente. Una, que Zapatero "es lento a la hora de reaccionar", lo que evidentemente es un lastre en un dirigente político y más aún cuando ese dirigente es nada menos que presidente de gobierno. Dos, y mucho más grave: puso como ejemplo de su lentitud para reaccionar que a finales del 2006, cuando dijo que en la lucha contra ETA "el año que viene estaremos mejor", Zapatero ya sabía que se habían roto las negociaciones con la banda terrorista.

Tampoco en el Senado tuvo suerte Zapatero. El portavoz de Entesa, en el que están integrados los socialistas catalanes, le sacó los colores cuando le espetó que sus palabras triunfalistas provocaban "desasosiego" entre los ciudadanos; y es de dominio público que entre la vieja guardia felipista las críticas a ZP están a la orden del día.

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