análisis

Fernando Faces

Fusiones a la fuerza

La reforma del sistema bancario español de De Guindos es potente y va por el buen camino, pero no se pueden esperar milagros en la reactivación del crédito a corto plazo o el descenso del precio de los pisos

EN el mes de septiembre de 2011, el Banco de España daba por concluida con éxito la reforma del sistema bancario español. Han pasado tan sólo dos meses y el nuevo Gobierno acomete una tercera fase que va a reducir drásticamente el número de competidores, dando lugar a un sistema bancario más concentrado, en el que el número de entidades no superará la docena. Una reestructuración animada por los intereses de la gran banca, pero también obligada por la desconfianza sobre la fortaleza de nuestros bancos. El sistema bancario español continúa colapsado, los mercados financieros cerrados y la sequía de crédito asfixiando a nuestras pequeñas y medianas empresas. La pregunta que cabe hacerse es si esta reforma financiera será la última y si los bancos españoles acabarán recuperando sus constantes vitales para ejercer la función para la que fueron creados, que no es otra que la de prestar servicios y financiación a la economía real.

El sector bancario español va a enfrentarse al proceso de reestructuración y concentración más importante de Europa. Una gran reforma financiera que forzará un fuerte saneamiento con cargo a los beneficios y capital del propio sector, pero también con apelación al endeudamiento público. Sorprende la profundidad del saneamiento que se va a acometer: el suelo hasta el 80%, las promociones en curso hasta el 65% y las terminadas hasta el 35%. Las provisiones actuales se duplican. Además, el Gobierno, consciente de que en los dos próximos años la morosidad va a aumentar, exigirá una nueva provisión genérica del 7% sobre activos inmobiliarios sanos. En total, 50.000 millones. Un proceso de saneamiento potente. No obstante, se están utilizando datos de activos dañados a junio de 2011 y se van a utilizar las tasaciones a esa fecha, cuando los precios han caído fuertemente en los últimos trimestres. Los futuros activos dañados se seguirán dotando según la antigua circular del Banco de España 4/2004, que es menos exigente.

Fusiones, sí o sí

El aspecto más duro y exigente es el plazo que se da a aquellas entidades financieras que quieran caminar en solitario. El 70% del saneamiento a realizar, 35.000 millones, tendrá que cargarse a los beneficios de un solo ejercicio. Si tenemos en cuenta que los beneficios anuales del sector están en el entorno de los 25.000 millones de euros, podremos concluir que gran parte del sector, sobre todo de cajas de ahorros, tendrá que optar por la alternativa de las fusiones, con un plazo más cómodo de dos años y con la posibilidad de sanear no solamente con cargo a beneficios, sino también al capital presente y futuro, y si fuera necesario solicitar la ayuda del FROB. Desde este punto de vista las fusiones no sólo se incentivan, sino que se imponen a gran parte del sector. Las uniones iniciadas a partir de septiembre también podrán acogerse a estas condiciones, un alivio para grupos como Bankia.

Los requisitos de los proyectos de fusión son: que la entidad resultante sea viable, que se incremente el balance en un 20% (excepcionalmente en un 10%), que sean actuaciones societarias (no se admiten los SIP), y que se obligue a mantener o aumentar el crédito si se recurre a la ayuda del FROB. Un aspecto fundamental es que se exigirá un buen gobierno corporativo (cualificación de los consejeros, despolitización, retribuciones, etcétera).

Se pretende que sean fusiones rápidas. Los proyectos de fusión deberán estar presentados al Banco de España el 31 de mayo, el 31 de diciembre de 2012 aprobados por los órganos de gobierno y en enero de 2013 concluidos. Las aportaciones del Tesoro Público a los recursos propios del FROB aumentarán hasta 15.000 millones de euros, y su capacidad de endeudamiento se mantendrá en los 90.000. La nueva fórmula de financiación será a través de la adquisición, por parte del FROB, de bonos convertibles contingentes (cocos), obligaciones perpetuas de conversión obligada en acciones cuando el ratio de solvencia cae por debajo de un determinado nivel mínimo previamente establecido. La gran virtud de estos activos es que computan como capital tier one. No dan lugar a derechos políticos, ni a representación en los consejos.

los efectos esperados

El ministro de Economía sigue empeñado en que la reestructuración no se va ha hacer con recursos públicos, ya que no afectará al déficit público. Es una cuestión semántica, en función de lo que se entienda por recursos públicos. No afecta al déficit público de hoy, pero sí al endeudamiento del Estado. En todo caso, nadie puede afirmar que no pueda afectar a déficits futuros si las entidades entran en pérdidas. Sin embargo, éste es un tema estético y de imagen política ante los ciudadanos y lo importante es que esta reforma cumpla con los objetivos que pretende. En principio, se puede afirmar que es una reforma potente, y que va por el buen camino, pero todo dependerá de la bondad de su ejecución.

Uno de los efectos más esperados es su impacto sobre el mercado residencial. Es de desear que los fuertes saneamientos de los activos inmobiliarios induzcan a los bancos a desprenderse de ellos, lo cual debiera provocar una reducción de los precios y el inicio de la recuperación del sector inmobiliario. No obstante, no se deben esperar milagros, la reducción pendiente difícilmente sobrepasará el 10%. El objetivo más deseado de la reforma es que el crédito vuelva a financiar la economía real. Sin embargo, no debemos hacernos ilusiones, ya que no ocurrirá a muy corto plazo. Que el crédito fluya depende tanto de la oferta como de la demanda. La oferta de crédito no fluirá con normalidad hasta que haya finalizado el proceso de reestructuración y sobre todo de capitalización, lo cual llevará más de un año. Por otra parte, para que fluya el crédito se necesita una demanda solvente, que hoy no existe, y que sólo se puede alimentar con el crecimiento. Para que esto ocurra debemos afrontar sin dilación el resto de las reformas, orientadas a la mejora de la competitividad, la conquista de los mercados exteriores y la creación de empleo.

nuevo mapa bancario

Los cuatro grandes grupos bancarios (Santander, BBVA, Bankia y Caixabank) liderarán el proceso de concentración mediante fusiones y adquisiciones. En este momento, todos están hablando con todos y es extremadamente difícil adivinar cuál será el mapa bancario definitivo. Al final del proceso no quedará más de una docena de entidades. Un primer grupo, que estará compuesto por megabancos liderados por Santander, BBVA, Caixabank y quizás Bankia, superará los 400.000 millones de euros por entidad. Un segundo grupo, capitaneado por el Banco Sabadell y el Banco Popular y algún grupo de cajas, se situará entre los 200.000 y 300.000 millones de euros. Y por fin se formará un último grupo, compuesto por cajas, que oscilará entre los 100.000 y 150.000 millones de activos. Los grupos resultantes del proceso de concentración deberán ser solventes, criterio que no se respetó en la última fase de fusiones, en la que predominó el criterio político y la influencia de los gobiernos autonómicos.

menos competencia

Actualmente, las cinco mayores entidades financieras del país concentran el 44,3% del mercado. Finalizado el proceso de fusiones, la concentración podría superar el 90%. Un tema importante, que no es el que más preocupa en estos momentos al Gobierno. El Tribunal de Defensa de la Competencia debiera de emitir, anticipadamente o en paralelo, un dictamen marcando el límite máximo en cuanto a tamaño y el mínimo en cuanto a número de competidores, ya que, de no hacerlo, la fuerte reducción de la competencia podría perjudicar a la economía real. Deseo que el nuevo Gobierno tenga éxito y que el crédito acabe con la prolongada asfixia financiera de las pequeñas y medianas empresas.

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