Visto y oído

Antonio / Sempere

Gafas

ERNEST Riveras cambia de gafas para presentar cada entrega de Conexión Pekín, esa colección de patrocinios publicitarios capaz de abrumar hasta al más paciente de los espectadores. Por lo demás, desde Seúl 88 hasta hoy, poco han cambiado las cosas en el modo de ver y entender los Juegos Olímpicos por parte de TVE.

Es cierto que en Seúl 88 el color se veía más amarillento, porque la señal de los satélites no estaba tan perfeccionada. Pero ahí acaban las diferencias, y muy poco se ha avanzado en veinte años. La cobertura de los Juegos por TVE tiene unos lastres que se repiten. Clama al cielo que a estas alturas no se informe con rótulos claros acerca de si las transmisiones son en directo o en diferido. Pese a contar con horarios milimetrados desde hace dos años, las previsiones de la televisión pública española se realizan a salto de mata, dando la impresión de que deciden a 48 horas vista, si no menos, a qué eventos se van a acercar. En tercer lugar, el bombardeo publicitario es intolerable.

Después está la espinosa cuestión del enfoque con el que el operativo se acerca a los Juegos, con idéntica actitud que en un Mundial de Fútbol. El A por ellos. Mirando con españolismo en vena. Algo que en los deportes de equipo puede tener un sentido, pero que en un mapa de eventos donde predomina la gesta individual queda completamente fuera de lugar. Es ridículo vivir por y para un medallero que se antoja raquítico, cuando se te están escapando crudas hazañas personales de tanto alcance.

El repertorio de gafas que muestra Ernest Riveras cada noche es lo único que nos ubica en 2008. Por lo demás, la plantilla con la que se han diseñado estos Juegos en la tele pública no ha evolucionado en dos décadas.

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