Visto y oído

Antonio / Sempere

Gasset

EN la última entrega de Días de cine Antonio Gasset se despidió así: "Con la esperanza de haber bajado un poco la audiencia, prueba inequívoca de la calidad del programa, os dejo hasta la semana que viene". Su ironía no iba desencaminada. A mayor enjundia, menos audiencia. Es una máxima que se cumple a rajatabla. La nueva apuesta musical de La 2 ha sido un rotundo fracaso en lo referente a cuota de pantalla. No disparen al pianista, presentado por Ruth Jiménez, obtuvo las cifras más bajas registradas en el prime time en todo el año 2007, con un 2'8 %. Habría que remontarse a otro gran programa para encontrar un share tan restringido. A los tiempos de mi adorado Carta blanca de Santi Tabernero. Es decir, que a los dos formatos más novedosos y cuidados del último par de años con los que la televisión pública se ha dignado adornar el horario de máxima audiencia el público les ha dado calabazas.

Seguramente, porque el público a quien van dirigidas estas propuestas está ocupado en otras actividades. El mensaje, el formato, no conecta con el receptor adecuado. Esa es la madre del cordero. Volvamos a Antonio Gasset. Su entradilla antes de la publicidad no tuvo desperdicio. "Cultura, profesionalidad y educación son cualidades mucho más importantes que saberse de memoria la legislación laboral o el estatuto del trabajador. Hagamos una sociedad de hombres y mujeres libres. No lo duden: lo políticamente correcto es en muchas ocasiones el manual de bricolaje del totalitarismo". Pues bien, el programa de Gasset tampoco llegó al 3 de share.

A la hora de la cena sólo tres de cada cien espectadores optaron por la música de Juanes, Marlango y La Mala Rodríguez, pero a las dos de la madrugada, hora en que acabó Días de cine, las cosas seguían igual. Luego el problema es de actitud de los que miran.

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