Crónica personal

Pilar Cernuda

Generación ni-ni

NI estudia ni trabaja, la llaman generación ni-ni, y el término no lo ha provocado el informe de la OCDE conocido ahora y que suspende sin paliativos a los jóvenes españoles, los considera de los peor formados de Europa y de los que más se dedican al dolce far niente, frente a los de otros países que asumen responsabilidades en momentos de crisis. Hace dos o tres años que los sociólogos españoles habían puesto nombre a la generación ni-ni, y alertaban a las autoridades y sobre todo a los padres de familia de la situación de la juventud española.

Los jóvenes españoles cuentan con varios récords, y ninguno de ellos edificante: el mayor índice de fracaso escolar, en la cola de la lista europea que recoge el nivel de preparación y formación, y en los primeros puestos en cambio, si no en el primero, de la lista que recoge las horas de ocio.

La responsabilidad es sin duda de las autoridades educativas, pero también hay que señalar con dedo acusatorio a los padres de familia, muchos de ellos no suficientemente atentos a la vida de sus hijos, su nivel de educación y de comportamiento. Es más fácil mirar para otro lado que plantarse ante la falta de respeto, la vagancia y la pérdida de valores. Se ahorra así la nunca apetecible confrontación, pero evidentemente los chicos salen como salen: no conocen el significado de la palabra autoridad ni en casa ni en el colegio, tampoco conocen el significado de la palabra esfuerzo y, por si fuera poco, desde los medios de comunicación, sobre todo desde ciertos programas de televisión, se les ofrecen escenarios en los que triunfan los más desalmados, los más desvergonzados, mientras los que apuestan por la formación y por la defensa de ciertos comportamientos éticos aparecen como pardillos muertos de hambre.

Tenemos un problema. Todos. No porque lo diga la OCDE, que lleva tiempo dando toques, haciendo sonar las voces de alarma. No hace falta que ningún organismo explique la situación en la que se mueve la juventud española: no cumplen las expectativas ni de lejos. Pasó el tiempo en que Felipe González decía que teníamos la generación más formada de la historia. Ya no lo es, aunque evidentemente hay estudiantes españoles absolutamente ejemplares y que son capaces de superar las muchas deficiencias del sistema educativo español para salir perfectamente preparados.

Un elemento más juega a la contra: la imposibilidad de acceder al mercado de trabajo aunque el paso por la universidad o la formación profesional haya sido positivo. Esa realidad aleja a muchos de los jóvenes del compromiso con su formación. El número de españoles que no encuentran más salida que instalarse en países lejanos es incalculable, y será aún mayor si no se toman medidas efectivas de creación de empleo.

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