La ventana

Luis Carlos Peris

El Giro viajó a la ciudad de las bicicletas

CONVIENE airearse para que el anquilosamiento se demore y las neuronas no noten en demasía el inexorable paso del tiempo. Por eso, esta ventana se abre a una paleta de colores impagable, a una sinfonía cromática que sólo se da cuando toca mayo en Amsterdam y el tulipán luce como nunca. Paseos memorables entre esos círculos concéntricos que forma la red de canales con el aditamento este fin de semana de que al ingente parque de bicicletas se unía el inicio del Giro. Tarde de ciclismo en sobredosis con los nativos aparcando por unas horas la bicicleta, ese apéndice natural, para ver a los forzados de la ruta iniciar la prueba con una contrarreloj que hizo que Amsterdam cobrase más vida aún. Todo el paisaje y gran parte del paisanaje teñidos de rosa, del color de la camiseta que luce el capitán del pelotón, en unas manifestaciones vitales que llenaron de jolgorio la ciudad desde Dam al Hermitage y desde éste a San Nicolás, una locura.

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