La ciudad y los días

Carlos Colón

Guía de perplejos

LA Semana Santa empieza el Viernes de Dolores y termina el Domingo de Resurrección, en vez de hacerlo el Domingo de Ramos y el Sábado Santo.

La Feria de abril se celebrará este año en mayo a causa de una ordenanza municipal que impone dos semanas de separación entre la Semana Santa y ella; hace ya años que se ha desbordado por delante, adelantándose un par de días a su inicio oficial; y para colmo no se podrá fumar en ninguna caseta, ni siquiera en las particulares. Y conste que no hablo por mí. De aquí a que la huesuda señora del dragón y la hiedra me llame, el primer paso que veré será el de la Borriquita y el último el de la Soledad de San Lorenzo, ¿o es que no tiene uno derecho a pogramarse (de pograma) su propia Semana Santa? En cuanto a la Feria, suele cogerme por Matalascañas si puedo escaparme; o dando tumbos por la calle Feria preguntándome, en las tardes de las primeras calores y los grandes vacíos, cómo es posible que ya no suene allí lo que sonó y no esté La que allí estuvo. Así que no me guía el interés, sino la perplejidad. Como a Maimónides.

No entiendo esta Semana Santa que se desborda por delante, por detrás y por dentro hasta no ser semana y correr el riesgo de ser cada vez menos santa. No entiendo que las hermandades se multipliquen mientras se vacían las iglesias y se debilita la recia devoción popular. Ya sé que la Semana Santa no es clerical ni beata. Pero tampoco es una vulgar cabalgata privada de devoción, emoción, proporción, memoria, autenticidad y belleza.

No entiendo esta Feria de abril que se desborda por delante, le pega mordiscos a mayo (¿por qué no puede haber a veces, como antes, una semana de separación entre la Semana Santa y ella?) y permite que el prohibicionismo puritano se cuele en esa prolongación de la casa que son las casetas para prohibir que se fume. Porque mi amigo José María -Oselito de Martínez de León con perfil de Capitán Garfio- dejó ya los Ducados, que si no podían ir los guindillas a su caseta a decirle que no fumara (caseta popular, no se equivoquen, en la que lo único que estaba prohibido era la música grabada: si no se canta, no hay baile).

Y si a Santiago Carrillo le diera por pasarse por la PCEra, a ver qué Tejero le dice que no fume. ¿No se está exagerando con las medidas antitabaco, pasando de la protección de los no fumadores a la persecución de los fumadores?

Afortunadamente todavía cada cual puede hacerse su propia Semana Santa, las más hermosas procesiones van por dentro recorriendo las calles de la memoria y no tengo vocación de marqués de las Cabriolas ni de conde de las Natillas.

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