La ciudad y los días

Carlos Colón

Hermano del Gran Poder

Leo en una esquela, bajo el nombre del fallecido, este único título: "Hermano del Gran Poder". A quienes le quisieron o le conocieron se les convoca a la misa que por su eterno descanso se dirá "en el convento de Santa Rosalía, ante Nuestro Padre Jesús del Gran Poder". En la hora de la muerte, punto final que dota de sentido una vida al consumarla, y al buscar algo breve y relevante que decir sobre el fallecido en su esquela, el propio difunto, dejándolo dicho, o su familia, interpretando lo que le hubiera gustado que se dijera de él, resumen su vida ya del todo escrita y encuadernada entre las tapas de las dos fechas de su inicio y su final, con este único título de hermano del Gran Poder. No porque careciera de otros, sino porque de entre todas las cosas que hizo la que más hondamente marcó su vida -porque fue lo que la sustentó- fue esa pertenencia y esa devoción.

Cada vez que fuera a San Lorenzo para hablar con el Señor en callado diálogo de miradas; cada vez que le besara el talón; cada besamanos que lo mirara a los ojos; cada Miércoles o Jueves Santo que lo viera sobre su paso; cada Madrugada que se pusiera la túnica, se ajustara el esparto, calzara las sandalias, se pusiera la medalla al cuello, se cubriera en el portal de su casa y echara a andar camino de la Basílica, este hombre estaba haciendo los gestos decisivos de su vida, porque eran los que le llevaban ante su Señor y lo religaban a él. Gestos cuya trascendencia Montesinos recreó, como nadie lo ha hecho, en El rito y la regla: "En el patio, mi padre, con su túnica negra, en la madrugada más profunda de la clarísima ciudad, se ha puesto solemnemente el negro capirote. Silencioso es el rito, no aprendido, sino heredado, yéndole en la sangre…". De esto se trata.

Junto a nuestros más intensos quereres, como uno más de ellos, lo más importante de nuestras vidas, sobre todo cuando estas van pasando, son estos ritos que nos atan a nuestra devoción, esta pertenencia que sirve para definirnos como ninguna otra cosa que hayamos hecho o dicho. "Es mucho del Señor", se suele decir para identificar y definir a alguien. "¿Cómo tú aquí?", le dijo una amiga a otra que le sorprendió ver en la Función Principal de mi hermandad y cofradía. "Es que mi padre era mucho del Calvario", le dijo. Lo había perdido hacía poco e ir allí era una forma, a la vez, de honrarlo y de reencontrarlo. Ritos heredados que nos van en la sangre.

Por eso quien entienda lo que significan estas esquelas habrá entendido lo esencial, por ser lo más hondo y más cierto, de nuestras hermandades. "Hermano del Gran Poder". No hace falta más.

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