Plaza nueva

Luis Carlos Peris

Historias de suspensiones

SUSPENSIÓN tras suspensión, nunca se había visto una cosa igual en la Feria de Sevilla. Jamás una feria se había visto tan llena de interrupciones, que raro fue el ciclo en que alguna corrida dejó de darse. Sí hubo suspensiones sobre la marcha, los toreros, como el jueves, inspeccionando el ruedo a la hora del paseo, conciliábulos entre la expectación de unos tendidos atiborrados de gente bajo los paraguas, no precisamente como el jueves, las cuadrillas pisando el ruedo, "echad albero seco en este charco" decía un banderillero, "¿usted cree que lloverá otra vez?" preguntaba un matador a la autoridad y ésta respondía solemne, no como el jueves, "las previsiones son de que no, pero como llueva hay que tirar p'alante hasta el final, conque ustedes sabrán..."

Y ese "ustedes sabrán" le encogía los adentros al personal de luces, era el inconveniente a la hora de dar el paso adelante. Al final, pues hubo de todo. La mayoría de las veces se tiraba p'alante aunque alguna vez se impuso el sentido común y la corrida no se terminaba porque San Pedro había abierto todos los grifos de la fontanería celestial. Recuerdo una corrida de Feria del 81 en que se anunciaban Romero, Paula y Pepe Luis con toros del Marqués de Domecq. La tarde empezó a teñirse de negro por arriba desde que los toreros embocaron la calle Iris, esa especie de pórtico para lo bueno y también para lo muy malo. Se acercaba la hora de la verdad y las nubes iban ennegreciéndose, pero sin decidirse a largar fiesta, la preocupación iba en aumento, el diluvio era inminente, la autoridad dijo lo que dice siempre: "Como empecemos hay que terminar". Todos dijeron que bueno, que qué se la va a hacer y tatachín, tatachín, a liarse en el capote de paseo y que Dios reparta suerte.

Lo previsto se hizo realidad, empezó a llover no más coger Curro la muleta y lo del Paula fue como una competición acuática en la que tanto el toro como el torero difícilmente podían mantenerse en pie. Rafael se quitó de encima al del Marqués como pudo y la promesa de acabar lo empezado no pudo cumplirse. Imperó el sentido común de preservar la vida de las personas, Pepe Luis cobró sin necesidad de ponerse delante, la empresa tuvo el beneficio añadido de cuatro toros vivos, la gente se fue a su casa, aquí paz y después gloria. Quiere decirse que han sido muchas las suspensiones vividas en la plaza de la Maestranza de Sevilla, pero no se recuerda suspensión alguna a mediodía con el papel vendido y por cuestiones meteorológicas. A esa hora sí hubo suspensiones por el ganado, léase la corrida de la Expo y otras, pero jamás por el tiempo y menos aún por las deficiencias que mostraba un ruedo que, por cierto, necesita un drenaje por vía de urgencia.

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