Plaza nueva

Luis Carlos Peris

Hoy no habrá perdido nadie

MAÑANA de lunes tan marrón como la de todos los lunes y veremos que sólo han perdido los equipos que hayan marcado menos goles que el rival, únicamente ellos. Hoy, último lunes cuaresmal y día después de las elecciones, sólo habrán perdido los del fútbol y nadie más. Es el milagro que se produce tras cualquier consulta en las urnas y no va a ser de otra manera por mucho que estemos ya en las vísperas de la gran celebración sevillana, la Semana Santa. Hoy no habrá perdido ni siquiera ese partido testimonial y que no es capaz de acompañar con nuez alguna el ruido desmesurado con que se hace acompañar. Siempre es así y, por lo que nos tememos, seguirá siendo así gracias a ese numeroso grupo de españoles que eligió la política como modo de vivir, y muy bien por cierto.

Anhelábamos que en esta España nuestra se abriesen las urnas de una puñetera vez y cuando se alcanzó el anhelo, el contento nos brotaba por cada poro. Es más, nos preguntábamos que cómo puñetas habíamos podido vivir de otra forma. Seguimos pensando lo mismo de la democracia, que es el sistema político menos malo, pero con el tiempo transcurrido, viendo cómo se hace política en beneficio propio y raramente en el común, cómo se eternizan los hombres en los puestos y de qué manera tan sectaria se conduce el personal, uno va descorazonándose y perdiéndole fe al asunto. Ítem más, la de cosas que se le dicen al rival después de estrecharle la mano, con qué hipocresía se saludan y se despiden, qué talante más artificioso el de todos esos políticos que desde anoche niegan la cruda realidad de que alguien habrá tenido que perder...

Será éste un lunes atípico, pues la ciudadanía tendrá dos opciones a la hora de abrir el periódico. Por un lado, el fútbol de cada lunes con la inobjetable objetividad de unos resultados sin contestación posible. Pero lo singular de este lunes llega por la oferta de ver si es cierto lo que anoche se adelantaba por radio y por televisión. Otra oferta que llega cada cuatro años, la de confirmar los resultados que ayer salieron de las urnas, y que en este último lunes de Cuaresma competirán con los de la Liga futbolística. Pero no hay color, pues no existe árbitro alguno que pueda interpretar los resultados futbolísticos de forma distinta a como vemos en negro sobre blanco. Sí habrá interpretaciones para todos los gustos con los de las urnas, vaya si las habrá. Nadie reconocerá su derrota, todos los que verdaderamente perdieron intentarán rapiñar por donde puedan y soñar con unos votos que sólo existen en sus seseras. Y todo para darse de bruces con la dura realidad de que la tarjeta oro seguirá en otras manos y que el coche oficial sigue siendo el sueño de una noche de Cuaresma. Aun así, dirá que ganó.

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