Cuchillo sin filo

Francisco Correal

Hoy lo vemos con Isabel

ME froté los ojos varias veces. No era una alucinación. La publicidad había vuelto a Televisión Española. Anuncios dentro de una película. Un No-Do políticamente correcto. Un trabajo sectario de la cineasta Isabel Coixet. Imaginen ustedes que alguien coge una serie de escenas de películas del Oeste donde indios a caballo son acribillados desde una diligencia y las va intercalando con masacres urbanas del terrorismo fundamentalista. O que selecciona una antología de fotogramas del destape español y las emite junto a noticias reales sobre violaciones y agresiones sexuales. John Wayne y Alfredo Landa pasarían a la posteridad como matarifes simbólicos, como iconos de la brutalidad.

Era el Día contra la violencia hacia las mujeres. Coixet seleccionó una larguísima retahíla de anuncios televisivos que podrían haber formado parte de un viaje a la nostalgia, a la aparición de ese elemento extraño llamado televisor. Detrás de cada anuncio, totalmente sacado de su contexto, un presentador o presentadora (aparecen Ana Blanco, Lorenzo Milá, Matías Prats, José Ribagorda...) informa en el telediario de un nuevo caso de la llamada violencia de género. La técnica es eficaz y efectista: el que lo ve, especialmente si no ha vivido el periodo de referencia, le echa toda la culpa a ese periodo, a la sociedad que generó un determinado tipo de lenguaje, de consumo. Una España cerrada, machista, sí, que paradójicamente empezó a hacerse amable, abierta con esa televisión y con esos anuncios que en los registros del espectador gozan de mejor memoria que otros referentes de esa sociedad que pasaron a los arcones del olvido.

Era tradicional que los militares arrestaran a una bandera o a un cañón. Esta señora ha hecho lo propio con el pasado. Como método es impecable: excluye cualquier responsabilidad del presente. ¿No sería plausible colocar entre cada uno de sus esos flashes informativos llenos de sangre y violencia estampas no de la televisión en blanco y negro, sino de este mundo en tecnicolor? Yo, que me fagorizo, estoy muy bien con okal, hoy comemos con Isabel, un poco de pasta basta y también prefiero sanders, entiendo que algo tendrá que ver con esa efervescencia criminal y cotidiana la sociedad que hemos hecho entre todos y a la que la crisis, paradójicamente, le ha parado un poco los pies, aunque puede agravar los síntomas. En vez de esos anuncios de maridos confiados y esposas sumisas podría elegir estampas del desarraigo, de la feroz competencia, del canibalismo cibernético, de la banalización del bien y del mal. Pero eso no vende. Quitaron la publicidad, pero no quitan la propaganda. Que ha decidido arrestar al pasado.

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