la esquina

José Aguilar

Izquierda dividida

DESPUÉS de haber puesto en marcha políticas y recortes de carácter antisocial, durante más de un año, el PSOE se ha descubierto de izquierdas. Después de haber menospreciado, durante muchos años, a la izquierda más radical, el PSOE ha descubierto la necesidad de que toda la izquierda esté unida.

Son milagros del 22-M. O, visto de otro modo, excusas de mal perdedor. Están empleando demasiado tiempo y demasiado énfasis los socialistas en culpar de su fracaso electoral a la negativa de IU a apoyar a sus alcaldables en determinados ayuntamientos. Lo cierto es que el retroceso del PSOE se debe sobre todo al PSOE, y sólo en casos excepcionales a la hostilidad, más o menos justificada, de la coalición izquierdista y de otras formaciones.

Vemos el único hecho objetivo: en 282 ayuntamientos de toda España que el alcalde fuera socialista dependía de Izquierda Unida. De ellos, en 60 los concejales de IU han favorecido, votándole o absteniéndose, al PP. En todos los demás han ayudado a los socialistas, incluyendo en Toledo y Segovia, poblaciones mucho más importantes que todas las logradas por los populares gracias a IU. De modo que el conflicto PSOE-IU ha sido minoritario. Escuece a los socialistas perjudicados, sí, pero la buscada -ahora- alianza de la izquierda ha funcionado en casi todas partes.

Hay, además, otros aspectos de la cuestión que desbordan lo puramente cuantitativo. Ni la dirección del PSOE ni la de IU han estimado necesario esta vez, a diferencia de los comicios de 2003 y 2007, negociar un pacto de mutuo apoyo a nivel nacional ni andaluz. Han dejado la iniciativa a sus organizaciones locales, añadiendo al desencuentro que arrastran en toda esta legislatura el efecto disuasorio de las alianzas que produce objetivamente el hecho de que ambas partes tenían en esta ocasión poco poder que repartirse, dados los magníficos resultados del PP.

Ahora bien, al descender en la escala territorial las posibilidades de pactar dependen menos de los factores políticos e ideológicos que de los estrictamente locales, e incluso personales. Es mucho más factible que los concejales de IU y PP en un pueblo simpaticen entre ellos -más que ambos grupos con los del PSOE- o que negocien un programa común circunscrito a los problemas de la localidad que alcanzar pactos de gobierno en una comunidad autónoma o en el Gobierno de la nación. Las ideologías pintan menos en estos casos que las personas concretas.

Por otro lado, ha sido moneda corriente en el PSOE victorioso que sus alcaldes hayan estado lustros enteros ninguneando a los ediles de IU y trabajando activamente por demoler la coalición, mediante absorción o derribo. También de esto se ha vengado IU en 60 de las 282 localidades en las que el PSOE la necesitaba.

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