La ciudad y los días

Carlos Colón

Kafka era sevillano

ME declararán ciudadano non grato en la República Checa, desde luego; pero me darán el Cervantes: he descubierto que Franz Kafka no nació en Praga, sino en Sevilla; y que sus atormentados universos en los que seres desesperados se sienten perdidos en laberínticos burocráticos se los inspiraron esta ciudad y sus autoridades municipales, educativas y judiciales. Es decir que el Gregor Samsa que un día se despierta convertido en un insecto y el Joseph K. que nunca pudo llegar al castillo ni saber por qué le procesaban son más sevillanos que el Oselito de Martínez de León. Porque sólo Sevilla, y no Praga, pudo inspirar La metamorfosis, El Castillo o El proceso, en las que tan angustiosamente se describen los laberintos y los absurdos de la burocracia, el sinsentido que puede trastornar la vida de los ciudadanos tejiendo en torno a ellos tramas de denuncias y causas que ellos ignoran.

Prueba de ello es la pesadilla kafkiana de la niña sevillana expulsada de su colegio un día antes de los exámenes finales, como resultado de una cadena de absurdos en la que se suman una sentencia que sus padres conocen cuando es firme y no cabe posibilidad de recurrirla; una denuncia de la que no se tiene conocimiento ("el juez no avisa a todo el mundo de que hay un proceso abierto contra ellos y emplazó a la delegación a poner un anuncio del procedimiento en el BOJA", explicó Educación); un procedimiento judicial que se inicia en 2004 y del que la familia no tiene noticia hasta 2008; un recurso alegando defecto de forma y solicitando medidas cautelares que es aceptado por un juzgado, permitiéndose a la niña volver a su primer colegio en el inicio del curso 2008-2009; una nueva resolución judicial que ordena el levantamiento de dichas medidas cautelares, al haberse denegado previamente el recurso, que se produce en abril pero no le es comunicada a la familia hasta la semana pasada. Siguiendo el hilo de Ariadna periodístico para orientarme en este laberinto, leo que Educación, vistas las fechas, "hizo la vista gorda" para permitir a la niña examinarse y terminar el curso en su centro. Una decisión razonable. Pero he aquí que la historia se hace pública y la torpe maquinaria burocrática se vuelve a poner en marcha, obligando a la niña a dejar su centro escolar un día antes de los exámenes finales y dándole plaza -justo en el fin de curso- en otro centro.

Esta mezcla de torpeza e irracionalidad es lo que hace tan kafkianos nuestros intrincados laberintos burocráticos educativos o legales. No cabe duda: Kafka era sevillano y nuestra burocracia es su más siniestra creación.

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