Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Lady Laura

LOS espectadores de TVE de toda la vida, esos que tienen muchas horas por delante para destrozar el sofá tras haber dedicado muchos años a su trabajo, con la cartera menguada y los nietos dando el estirón, están encantados con Los misterios de Laura. Lo que era un encargo menor se ha convertido en una serie crecidita de La 1. Su secreto: en realidad es una ficción anticuada, de otro tiempo, de corte detectivesco a lo Colombo y puntadas de comedia familiar serranesca. En fin, un producto hecho a la medida de esa fiel mayoría que sostiene a TVE.

Los misterios de Laura es correcta, incluso potable y a ratos entretenida, con María Pujalte de Ángela Landsbury con botox y un universo policíaco de comisaría de la esquina. Sin escenas crudas, apenas sin sangre, sin carnes al aire y, por tanto, sin momentos que incomoden a las familias reunidas al completo. Porque Los misterios de Laura es una serie que se puede ver con los padres y con los hijos y eso es un valor en estos tiempos en que se aprietan los golpes de efecto que hagan falta. Los hombres de Paco falleció desangrada porque desde el mismo punto de partida de Lady Laura, tal vez desde una comedia al límite del surrealismo, tomó a la carrera el camino contrario.

Los niños gemelos de Pujalte hasta tienen su aire fresco, lo que no es frecuente en una serie española, y para dar un músculo suplementario, porque sólo con pesquisas no se puede extender un capítulo de duración española, casi hora y media, le han añadido tensiones con el ex marido (Fernando Guillén Cuervo, aquí eficaz) pretendientes y satélites. Pero por ahora sin forzar melodramas o costumbrismos. Los misterios de Laura es la serie de una tranquila mujer detective, con su trastienda mundana. Procedimental, como se dice, y nada del otro mundo, vale. Pero harían falta más Lauras en este mundo televisivo nacional desorientado.

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