hoja de ruta

Ignacio Martínez

Lecciones de Finlandia

PREGUNTA: ¿Afecta a España la querencia de una parte de la opinión pública europea hacia la ultraderecha? El éxito en las elecciones del domingo de un partido populista que reivindica la Finlandia auténtica, profunda, ha llamado la atención. Esta formación, con tintes xenófobos y homófobos, no es única. Se suma a la última moda en el continente. La Europa de socialdemócratas y democristianos de la posguerra, que fundó la actual Unión Europea, dio paso hace 20 años a una ola conservadora y ahora ha cogido una deriva populista ultraderechista por norte, sur, este y oeste.

De Suiza a Holanda, desde Finlandia hasta Francia, partidos de extrema derecha consiguen con comodidad una quinta parte de los votos. Marine Le Pen, va incluso por delante de Sarkozy en las preferencias de los franceses para las presidenciales de 2012. Y un tipo extravagante como el finlandés Timo Soini acaba de pasar de 5 a 39 diputados en un parlamento de 200. Se trata de un católico practicante en un país de mayoría luterana, donde el aborto es facilísimo y están a punto de llevar al parlamento una ley sobre matrimonio entre personas del mismo sexo. A ambas cosas se opone. También es euroescéptico y está en contra del rescate de la deuda soberana portuguesa. Tomen nota: dice que es inconcebible que los bienes logrados allí se regalen al sur, a gente que ha estado ociosa bajo los olivos. Así nos ve.

En el plano interno, Soini fomenta la fractura entre población de habla sueca, en la costa Oeste, con mucha industria y capacidad económica, y el pueblo al que denomina finlandés verdadero. Opone a la burguesía ilustrada heredera de más de seis siglos de dominación sueca, el auténtico pueblo finlandés de tradición pobre y analfabeta. Practica un nacionalismo rural que considera que los inmigrantes desangran al país. La lógica es que entre en el Gobierno con las dos formaciones con las que casi ha empatados. En Finlandia, si un partido obtiene más de un 10% de los votos, suele entrar en el Gobierno. Es un derecho y un deber: no se puede andar por ahí diciendo cualquier ocurrencia sin que exista la obligación de responsabilizarse de lo prometido.

La cuestión es saber si España es ajena o no a esta moda política. El éxito de Intereconomía demuestra que hay un nutrido público que se identifica con estos mensajes. Hasta ahora se ha considerado saludable que no existiese un partido de extrema derecha en España y una contribución del PP que hubiera sumado al campo democrático a la eventual clientela de esas formaciones. El resultado finlandés refuerza esa teoría. Cabe preguntarse si eso es bueno para el propio PP. Está claro que es rentable desde el punto de vista electoral aglutinar a un espectro político muy amplio. Es más dudosa su conveniencia para la coherencia ideológica y estratégica de la derecha española.

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