Tribuna Económica

gumersindo Ruiz

Límites morales del mercado

EN estos días se ha dicho prácticamente todo lo posible en torno al decreto de la Junta de Andalucía sobre medidas para asegurar el cumplimiento de la función social de la vivienda. Queda todavía discusión, pero más allá de la aplicación de estas medidas y sus resultados, es bueno que exista un debate sobre el papel de la economía, en su sentido de economía de mercado, donde cada uno busca su interés y compite con los demás, y cuáles son los límites que por razones morales y de convivencia estamos dispuestos a poner.

Un par de días antes de salir el decreto, leía una entrevista a Michael Sandel, filósofo social de Harvard, autor de un libro titulado Lo que el dinero no puede comprar: los límites morales de los mercados, en el que critica que los economistas quieren resolverlo todo de forma automática: hay más paro, la solución es que bajen los salarios y no haya restricciones para contratar y despedir; la vivienda ha subido demasiado, el mercado se encargará de corregirlo; que el mercado interior se ha hundido para muchas empresas, ya saldrán fuera a competir. Estos principios a veces funcionan, y a veces no; en ocasiones son beneficiosos para las partes, y en otras es lo que se llama un juego de suma cero donde uno gana y otro pierde.

Sandel es muy conocido por sus conferencias multitudinarias, en las que consigue reunir a miles de personas, a veces de distintos países, conectadas por multimedia; en estos actos plantea cuestiones morales para hacer ver que todos tenemos nuestros límites, y que es cuestión de que se establezcan con claridad, ya sean por la mayoría o por minorías a las que hay que proteger. Encuentra que Estados Unidos y China son los países donde hay más gente que piensa que el mercado libre es la solución, y que no hay límites. Sin embargo, cuando se enfrentan a la realidad, en China reconocen que hay cuestiones como las condiciones laborales, contaminación, por ejemplo, o la especulación con el suelo y la vivienda, que deben tener límites. Y en Estados Unidos se rechaza que el cuerpo humano pueda ser objeto de mercado, como es la venta de órganos, alquiler para procrear, o cualquier tipo de tráfico humano; la cuestión actual de la sanidad es también una forma de poner límites al mercado.

Cualquier discusión pública exige una buena información. En la actual sobre el uso social de la vivienda, hay mucha evidencia anecdótica y poca sistemática de datos y de las raíces del problema (que es la burbuja inmobiliaria y el paro). Por ejemplo, no se separa lo que son desahucios (que afecta a particulares, por alquileres), de ejecuciones hipotecarias, de lanzamientos; cuando se habla de ejecuciones de primeras viviendas no se sabe si son a familias o a promotores.

Nada de esto disminuye la gravedad de lo que ocurre, pero los dramas no se abordan de manera dramática, sino con la mayor eficacia posible; para ello se necesita cuantificar el problema, prever cómo puede evolucionar, y los medios que necesitamos y de los que disponemos para enfrentarlo. Un buen conocimiento de lo que pasa ayudará, sin duda, a que tengamos cada uno más claro los límites que deben ponerse a nuestra economía de mercado.

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