la ciudad y los días

Carlos Colón

Llanto de tocones

PANTALLAS verdes, alcalde, pantallas verdes. El gran Jean Renoir dijo que le gustaba filmar árboles porque había aprendido mucho observando a esos seres más discretos y benéficos que tantos humanos. Árboles que refresquen el ambiente, den sombra protectora, hagan habitables los desiertos urbanos heredados o creados por su antecesor y disimulen tantas fealdades arquitectónicas como afligen a esta ciudad. Árboles de gran porte en esa Avenida peatonali-desertizada como los que se cortaron en su último tramo, en vez de los naranjos de pega que plantaron a uno de sus lados y los macetones que colocaron al otro. Árboles que disimulen el engendro de las setas -¿se ha fijado que si se baja por Puente y Pellón el benéfico laurel de indias hace invisible el engendro del germano- y permitan a los peatones atravesarla desde Laraña a Imagen sin caer fulminados por una insolación. Árboles que humanicen tantas avenidas desérticas en las que David Lean hubiera podido completar Lawrence de Arabia sin tener que desplazarse a Almería. Árboles nuevos, por cientos, por miles, y cuidado de los existentes que a base de malos tratos y peores podas agonizan en tantas calles de Sevilla. Árboles en los barrios y en el centro, adaptados a los espacios en los que se planten. Ni un solo alcorque vacío o con el muñón del tocón sobresaliendo del suelo como una petición de justicia y reparación.

Ya sé que las cosas están mal y que a usted se las han dejado peor. Ya sé que no tiene fondos, ni es el momento, para devolver su fisonomía a tantos espacios degradados del centro histórico y de los barrios, para levantar los horrendos pavimentos del primero y humanizar los segundos. Pero los árboles son baratos y agradecidos: el lujo del pobre, como los geranios plantados en latas de tomate que eran la alegría de las casas populares. No sé si es usted seguidor de Tolkien, pero suponiendo que lo sea le digo: sea el Gandalf municipal que haga justicia a los árboles talados o maltratados por el Saruman que le antecedió; o aún mejor: sea Bárbol, el árbol pastor de árboles que ponga Sevilla tan verde como quienes se decían socios de los "verdes" no lo hicieron (al contrario: actuaron con furia arboricida).

Su llegada al Ayuntamiento por mayoría absoluta representa la esperanza de miles de ciudadanos que la habían perdido. Muchas, importantes y urgentes tareas le aguardan. Lo comprendo. Pero mientras se entera de cuánto se tiene, cuánto se debe y si la mano se ha metido presuntamente hasta la muñeca, el codo o el hombro, confíe en los árboles como terapia ciudadana de urgencia.

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