Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Malísima

NO todo es reunir a unos guionistas por un lado, unos decoradores por otro, unos cámaras, un realizador, un director artístico, un puñado de actores bajo los focos y adelante. Así se puede hacer cualquier producto audiovisual pero que estemos hablando de una serie es otra cosa diferente. Muy diferente. Al cabo de siete años la acorralada TVE decidió hacer de nuevo una serie propia (se dio luz verde durante esos meses de caótica transición post-Oliart), pero la cadena pública parece que no tiene capacidad por sí misma para construir una ficción. Stamos okupa2 es un magro favor a los recursos propios y una involuntaria (¿o premeditada? podríamos ser maliciosos) exaltación a las productoras que han creado algunas de las grandes ficciones de TVE, esas producciones que "sólo sirven para pasar el rato" como desdeñó el ministro Montoro. Isabel, de Diagonal (Amar en tiempos revueltos), rescatada por fin en los lunes, es por ejemplo un digno escaparate para TVE y la producción de calidad.

Stamos okupa2 es todo lo contrario. Nos hace regresar al pasado, a los tiempos en que se decía que en España no se sabían hacer series. Series cutres, hechas como a desgana, sin chispa, sin ingenio. La encabezada por Carmen Maura es superlativamente mala, y los actores son unos participantes más en el naufragio, con planos movidos, con la música muy alta y sin vida en los diálogos: un desastre sin remisión.

Con unos decorados surgidos de La mansión de los Plaff, Stamos okupa2 aspira a ser una telecomedia fresca y se queda en parodia de sí misma, como secuela injustificada de Las chicas de oro de Moreno, para lástima de Alicia Hermida y para una Anabel Alonso opaca. Con escenas grabadas en la cafetería de Prado del Rey (que ambientaba la clínica de la que escapan los protagonistas) Stamos okupa2 entona una elegía hacia RTVE.

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