Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Melilla

DE ser El Follonero a convertirse en El Macarra sólo median unos pasos, los que distan del ingenio a las ocurrencias sin gracia alguna. No, no tuvo ninguna gracia. Cuando intentas provocar a costa de pobres diablos y ni siquiera destripas una gota de ironía, la broma se trunca. Eso es lo que ha ocurrido con el último Salvados, que no hay quien lo salvara. Ha sido un desafortunado reportaje con la ciudad de Melilla de protagonista en el que Jordi Évole vio el cielo abierto, con un vivero de desigualdades, miserias, fachas y una estatua de Franco de esas que gustan tanto quitar a quienes no tuvieron el valor de quitar a Franco cuando estaba vivo. El Follo quiso ensañarse con la autonomía más diminuta de España, cuando seguro que tiene más materia debajo de la alfombra de la opulenta Generalitat de su tierra de subvenciones.

El Follonero estaba muy preocupado con que en Melilla hayan construido un campo de golf junto a las vallas de la frontera y el campo de acogida a inmigrantes. Parecía muy cabreado con que la Unión Europea destine dinero para desarrollar esta ciudad como con guasa vino a decirle a un anfitrión. Melilla merece inversiones, como cualquier pueblo de Soria o de Lérida. Se cachondeó de unos guardias civiles que le pidieron autorización para que se ensañara con las imágenes del trasiego fronterizo y sacó al oportunista frikie de turno, un ex legionario, ex guardaespaldas de Blas Piñar, que se ha convertido al islamismo. Del refrito surgía la imagen de una ciudad tercermundista para lucimiento de un reportero que es más eficaz cuando tiene valor para poner en aprietos a los poderosos. Esperemos que Jordi tenga mejores momentos y algún día, por ejemplo, sea capaz de burlarse con ingenio de nuestra Junta pero sin reírse de los andaluces como hizo de los melillenses.

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